El día de ayer 24 de enero 2015 se realizó el partido América vs Puebla en el majestuoso Estadio Azteca con una entrada aproximada de 60,000 espectadores. Espectáculo lamentable que al final fue reconocido por la rechifla del respetable.

La figura del día fue indudablemente el famoso "Cuau", flamante nuevo político, aunque bien amado ya es más que notorio que se debe dedicar a otra cosa, por lo que hace bien buscando nuevo trabajo.

El partido en sí deja en claro que el nuevo cuadro de Coapa anda más que perdido sin brújula. Y su nuevo entrenador, Gustavo Matosas, no le encuentra el como, y estaría bien en pensar una solución porque otro partido de esos horrorosos no va a hacer más que empezar a pedir su salida de este equipo, ya que el desarrollo del encuentro fue nefasto con notorias fallas en la definición y hasta con cierta apatía por parte de la escuadra que se vio completamente dividida, parecía como aquellos juegos de la primaria en que todos en bola corríamos a donde viajara la pelota.

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Perdón, pero así se ve el equipo, fracturado completamente, la delantera por un lado y la defensa por otro. La media cancha es inexistente. En resumen, un partido más para hacer corajes que para disfrutar.

En fin que para este nuevo torneo no queda más que esperar a ver qué futuro le depara el destino a este América, que de seguir igual, pasará con más pena que gloria dejando un muy amargo sabor de boca, porque de aquel león espectacular, a este América, solo tienen en común al entrenador, quien a diferencia del anterior, cuenta con un vasto plantel para encontrar un correcto funcionamiento del equipo.

Sólo queda esperar que así suceda, sino, lamentablemente se quedará en el baúl de los recuerdos en donde quedaron tantos cuadros, jugadores, entrenadores y directivos, sobre todo que llegaron con las mejores intenciones según ellos, y al final quedaron como los charlatanes que desgraciadamente abundan en esto del futbol mexicano tan maltratado y vilipendiado por propios y extraños, pero que cada fin de semana nos tiene al pendiente de su desarrollo, igual para gozar o bien para llorar.

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