Conocí a Pedro Aguayo en el 2009 cuando participó en el reality show los "5 Magníficos" producido por Televisa. Me lo presentó mi marido, que en ese entonces, era el Jefe de Prensa de dicho programa, me cayó bien hasta que se le ocurrió invitar a toda la pandilla de la producción de Rubén y Santiago Galindo, a verlo luchar en la Arena Coliseo.

Recuerdo que cuando Isaac, así se llama mi marido, me llamó para decirme de esta invitación, casi se me cae el cabello porque una servidora no se explicaba qué tenía que hacer en una arena de lucha libre un viernes en la noche después de salir de una ardua jornada de trabajo en la emisión de espectáculos, "La Oreja", en lugar de irme corriendo a disfrutar de una riquísima cena. Sin embargo, bien dicen que los tiempos de Dios son perfectos y ese día, cambió mi vida.

Me enamoré de la cultura del pancracio, en el que descubrí una afición adoradora de sus ídolos, incapaz de faltarles al respeto como sucede en otros deportes. También los enfrentamientos luchísticos entre mujeres, tan buenos, que el público les aventaba monedas y billetes de altas denominaciones para recompensarlas. La cereza del pastel fue ver luchar a el "Hijo del Perro Aguayo" contra "Místico", ahí conocí a un luchador bravo, un personaje prácticamente primitivo, capaz de hacer cualquier cosa por regalarle un triunfo a su "Jauría". Terminé de pie, gritando y me hice "Perra del Mal". Mi interés creció cuando platiqué con Pedro en un convivio que organizó para agasajar a sus amigos, era otra persona. Amable, educado, cortés con sus compañeras de trabajo y un excelente anfitrión.

Esa dualidad fue la base de nuestra amistad. Entendí que era un defensor del respeto que cualquiera que quisiera acercarse a la lucha  debía tenerle. Pedro quería que supieran que ser luchador, no es fácil que atrás de cada función hay un gran trabajo. Fui testigo de cómo aprovechó todos los foros que tuvo para dar a conocer lo que más amaba.

Fue conductor en el programa "La Oreja" comentando las batallas del fin de semana y donde más se involucró fue en la telenovela "Qué Pobres tan Ricos", donde fue el director de todas las escenas de lucha libre realizadas por Jaime Camil y Manuel ¨Flaco" Ibáñez. Me decía, "Yo no quiero que el público que va a las arenas sienta que se están burlando de la lucha, ellos son muy delicados se fijan en cada detalle, quiero que se sientan orgullosos de lo que estamos haciendo".

Al tiempo trabajé con él como su RP . Era buen  jefe, cumplidor a la hora de pagar y me daba 'ternurita' que cuando yo llegaba a la oficina, les decía a los luchadores que estaban ahí. "Nada de groserías aquí está "Mireya". O si se le escapaba alguna me pedía disculpas.

Le gustaba  escuchar a Romeo Santos, a Camila y era fanático de Michael Bublee. La última vez que hablamos fue hace un mes, tenía muchos planes. Todavía no creo que se haya ido y por eso quise compartir con ustedes estas líneas. Así era mi jefe, mi amigo... "El Hijo del Perro Aguayo".