Para algunos amantes del balompié, el Barcelona no sobreviviría sin Pep Guardiola. Y para otros tantos, Pep, no sobreviviría tampoco fuera de Cataluña. Ahora, el sorteo para las semifinales de la Champions League de este viernes les ha jugado una pasada a los protagonistas de la historia, que dará como resultado regocijo y morbo entre todos los amantes de este deporte.

La pregunta a responder es la siguiente: ¿Quién saldrá victorioso?

La respuesta, a priori, es una: Sólo los aficionados del #Futbol saldrán ganando, ya que uno de los dos implicados se quedará en el camino. O el Barcelona sale avante, o bien, Pep y su Bayern pasarán de ronda.

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Ya no hay espacio para los dos, la gloria es celosa y envidiosa, por lo que sólo tiene corazón para uno en la actualidad.

Lejos quedaron aquellos días en los que Guardiola recorría el Camp Nou y encumbraba a Messi, Xavi, Iniesta… Lo que fue y ya no puede ser. Y es que Pep y el Barca son como esos amores de verano: Aquellos que quisiéramos ver por toda la eternidad, pero que por azares del destino, en algún momento deben acabar.

Ambos deben reconocer que no se extrañan, pero sí se necesitan de algún modo. El Barcelona no ha logrado jugar con la excelencia con la que lo hizo bajo el mando de Pep; Y Guardiola no ha llevado a la "máquina bávara" al olimpo del futbol, a donde alguna vez llegó con los catalanes.

El duo Barcelona-Guardiola se dio tanto entre sí, y al final uno acabará destruyendo lentamente al otro, en otra paradoja más de la vida cotidiana.

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En la era pre-Pep, en Can Barca se conformaban con ganar la Liga y actuar de manera discreta en #Europa. Ahora, si no se gana el triplete, para muchos es un fracaso en la Ciudad Condal.

Por otra parte, el entrenador llegó para reemplazar en Múnich a Jupp Heynckes, histórico alemán que llevó al Bayern por primera vez al triplete, y escribir sus propias letras doradas. La encomienda era sólo como quitarle un pelo al gato. Pero estábamos hablando de Guardiola, un estilista gatuno que podía rasurar incluso a un tigre sin ser mordido.

Al final, Pep consiguió "sólo" cuatro títulos en Alemania. Y fracasó. Lo hizo porque no reeditó los tres títulos de Heynckes, y porque el Bayern fue humillado por el Madrid en su casa en la Champions League, el único objetivo que podía indicar el éxito real del genio de Santpedor.

Ahora el Barcelona ha aprendido a jugar de una manera diferente, y con éxito, a como lo hizo en la mejor etapa de su rica historia. ¿Y Guardiola?... Guardiola aprendió también de la catástrofe de Múnich y seguramente no repetirá nunca más esos errores, porque la prueba de ello, es el baño de futbol y táctica que le propinó al Oporto en los cuartos de final de la Liga de Campeones, aun sin Robben, Ribery y otras piezas fundamentales en su esquema.

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Es cierto que los portugueses no son Neymar, Messi y compañía, pero Pep ya demostró de sobra ser un buen bombero en los altos fuegos.

Maestro contra discípulos… Discípulos contra maestro. El divorcio de esta odisea que maravilló al mundo entero ha empezado. El fin de Guardiola y el Barcelona es el mismo: Demostrarle al mundo que hay vida después de ti… Aunque para ello sea necesario destruir la unión que alguna vez fue, y nunca más podrá ser.