La última vez que alguien venció a Rafael Nadal en Roland Garros, perdió la final del torneo. En 2009, Robin Soderling quién había vencido a Nadal en cuartos de final, perdió ante el Suizo Roger Federer. 6 años después, Novak Djokovic parecía destinado a conquistar París, luego de vencer al español en cuartos, pero en 5 sets, el número uno del mundo, cayó ante un inspirado Stanilsas Wawrinka, 4-6, 6-4, 6-3, 6-4.

Stan consiguió su segundo trofeo de Grand Slam y quebró la racha de 16 triunfos consecutivos en arcilla de Nole quien continúa sin ganar Roland Garros.

Cumpliendo lo que parecía una historia prescrita, Djokovic se llevó la primera manga 6-4, ante un Wawrinka que tuvo tres oportunidades de de quiebre y que avisó que su derrota sería cara.

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En el segundo, se voltearon las cosas. A Djokovic comenzó a fallarle el primer saque y en el noveno game Wawrinka capitalizó. Sirviendo y con una precisión extraordinaria el suizo se llevó la segunda manga 6-4.

Era un tropiezo para Djokovic nada más, después de todo, era el mismo Novak que venció a Nadal en cuartos como si se tratara de un hombre común. ¿Tras vencer a Nadal en París, no puede llegar otra cosa más que el campeonato? Pero poco sabíamos de los planes del destino.

Hechizado, como por una maldición, el número uno del mundo fue traicionado por su saque, apenas acertó el 62%. A pesar del peso muerto de su primer servicio, sobrevivió, pero la magia era real y los peloteos larguísimos, de 15 o más golpes, que empezaban a favorecer Stan. Wawrinka devolvía todo, la magia de París lo convirtió en una pared, y si no embocaba un tiro quirúrgico, Djokovic era víctima de las probabilidades y el error.

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En el octavo game, Stanislas tuvo su oportunidad de quiebre, 4-3 arriba; la adrenalina lo movía, lo hizo más rápido, más fuerte, y con dos paralelas furibundas, primero con su derecha y luego con el revés, quebró para luego adjudicarse el tercer set en el que tuvo 90% de puntos ganados con su primer servicio y no falló en sus seis subidas a la red.

En el cuarto episodio, la magia parecía terminar. Djokovic quebró en sus primeras dos oportunidades. 3-0 abajo Stanislas era la víctima perfecta para los nervios. La magia no volvió a su raqueta, sólo tenía su talento y la experiencia de sus 30 años en los que se cuenta el Abierto de Australia ante Rafael Nadal en 2014. Y cómo recordando aquel su más grande triunfo, recuperó la calma y empató el set 3-3.

En el tenis la agonía es engañosa, sobre todo en hombres como Dojokovic que tienen una capacidad de regresar fortalecido de entre los muertos. El serbio, a pesar de que su rival amenazaba con quebrarle de nueva cuenta, se empleó al máximo, hizo lo necesario, lanzarse en la red para mantener su servicio, y convirtió el partido en un duelo para ver quién podía regresar más veces de sombríos pasajes.

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Con su servicio, 0-40 abajo, Wawrinka parecía sucumbir, pero en algún recóndito lugar, encontró el camino de regreso, ganó el noveno game para luego quebrar el servicio de Novak. 5-4 arriba, el campeonato estaba en su raqueta y su servicio.

Djokovic retó dos puntos contra campeonato y los venció. El pulso del suizo fue puesto a prueba en un 40-40. Parecía que la magia tenía que regresar para terminar el duelo, pero Wawrinka reveló que la magia nunca existió, que fue confundida con la precisión suiza. Se puso en ventaja y con una derecha cruzada se convirtió en el nuevo mosquetero, en campeón de Roland Garros, el tercer campeón distinto en los últimos 11 años. #Deportes Ciudad de México #Deportes Jalisco