Detonado el escándalo por corrupción en la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) a tiempo para interrumpir el proceso electoral donde se definiría la siguiente presidencia del organismo, muchos supusimos que Joseph Blatter renunciaría ipso facto, o que suspendería -o al menos, postergaría- dichos comicios. Nada de eso. Si bien Blatter renunció, no lo hizo sino hasta el 2 de junio, después de lograr su reelección.

Llama la atención el orden en el que siguieron los hechos, ¿por qué Blatter no declinó su candidatura, por qué no renunció a la presidencia de FIFA sino hasta después de transcurridos algunos días?, ¿hubo aquí alguna estrategia para el "control de daños"?

Creo que hay al menos tres alternativas.

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En la primera, concediendo el beneficio de la duda, encontraría cierta sinceridad en las razones a las que Blatter recurrió en sus declaraciones. Renunció porque no todos lo apoyaron en las elecciones, porque la imagen de la FIFA necesita una limpieza, porque se necesita una limitación de mando, y porque "…no me siento con el mando del mundo entero del fútbol…" (Récord, 2 de junio, 2015), amén de otras, a las que podríamos añadir la amenaza de un torneo Mundial de Fútbol alternativo, con el cisma que tal supondría.

Es decir, Blatter admite que para muchos, a pesar de ser presidente de FIFA, es persona no muy grata… y termina por irse.

En el segundo escenario tal vez Blatter percibió que nada podría interponerse entre él y un nuevo periodo en la FIFA, ni siquiera un escándalo de las magnitudes que hemos atestiguado.

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Pero probablemente, logrado el objetivo, se dio cuenta -o alguien le puso sobre aviso- de que el FBI ya le estaba armando un expediente -un dossier-, como finalmente se confirmó el 5 de junio (20 minutos, 5 de junio, 2015).

Así que Blatter decide abandonar la presidencia de la FIFA a sabiendas de que esta crisis puede todavía degenerar en aspectos, digamos, atentatorios de su integridad civil, laboral, mercantil, penal…

El último escenario supone que Blatter sabía de la tormenta que se avecinaba y conocía de las investigaciones en su contra. También, que una nueva presidencia en la FIFA resultaba muy probable.

Renunciar a su candidatura al momento del escándalo, me parece, nos hubiese arrojado una confesión de facto, aunque Blatter no tuviera nada que ocultar.

Por otra parte, después de tomar la presidencia, Blatter intenta alejarse cuanto puede del escándalo por corrupción, dejando pasar algunos días. Tal vez la idea fue provocar un segundo escándalo -con su renuncia-, siempre y cuando éste surgiera a cierta distancia del primero, para que ambos no se vieran tan relacionados, y para que el más reciente pudiese desviar la atención que el primero hubiese generado.

¿Cuál de estos escenarios, de no existir otros, es el más plausible?

Y la alternativa elegida, si es que hubo una intención por controlar los daños, ¿está resultando?

Usted, ¿qué opina? #Futbol #Europa