El 9 de julio pasado la selección de #Futbol de México inició su participación en la Copa Oro, un torneo en el cual se ven las caras equipos de la zona de CONCACAF. En el grupo de primera ronda México estuvo acompañado de Cuba, Guatemala y Trinidad y Tobago.


Fue de llamar la atención como la mayoría de expertos en la materia hacían el mismo comentario: "El nivel de México es superior en la Confederación, en el grupo de primera ronda el rival a vencer será Trinidad y Tobago". Desde antes que se jugara el torneo inmediato anterior, la Copa América en la cual México salió por la puerta de atrás, se insistía sobre la superioridad de los "verdes" en el área de Centro América y el Caribe.


No, este torneo, cuya final se llevará a cabo el próximo domingo, se juega al nivel del futbol nacional. Debilidad en todas las líneas, tendiendo a la violencia y al engaño, con algunos chispazos de uno que otro jugador, pero nada atractivo.
Ayer se dio un partido de vergüenza absoluta, todos los que ahí estuvieron tuvieron actuaciones reprobables. Las dos selecciones jugando sin idea, con violencia, fingiendo faltas e insultándose entre sí con molesta frecuencia; los fanáticos que no dejaron de arrojar proyectiles al terreno de juego y, el campeón de la vergüenza, el árbitro Mark Geiger de los Estados Unidos, quien demostró poca personalidad y amplio desconocimiento del reglamento.

Marcó penales inexistentes a favor de México, no expulsó cuando debía y lo hizo cuando no era para tanto, entre otras muchas cosas.
Este partido ya quedó para la historia y está siendo motivo de debate por todos lados.
¿Pero qué pasa con el futbol? Es la pregunta de muchos aficionados. ¿Por qué México no demuestra la tan cacareada superioridad en el área? Misma superioridad en la que los dirigentes locales se basan para pedir a la CONMEBOL (sudamérica), que acepte a los aztecas en su confederación.
Desde hace muchos años no hay tal superioridad, tampoco existe aquello de "se acortaron las distancias porque los demás juegan mejor".
México está jugando a uno de sus más bajos niveles en la historia. Contra Panamá las llegadas al arco rival con peligro fueron casi nulas, no hubo propuesta de buen futbol. Si México hubiera anotado goles por su cuenta, sin penales ni nada por el estilo, hoy no habría ningún tipo de discusión aunque el árbitro se hubiera equivocado igual. Aquí lo malo es que Panamá sí anotó de forma legítima y con un hombre menos.
La Copa Oro es una competencia al nivel del futbol mexicano, ha quedado claro. Hay que abrir los ojos y entender esto.

Para cerrar me gustaría comentar sobre la decisión de Andrés Guardado al cobrar el primer penal, bien por él al decidir anotarlo. Si deliberadamente lo hubiera fallado quizá se habría ganado el respeto internacional, pero no se trata de eso. Todos los penales marcados correcta o incorrectamente en el mundo se cobran bien, no tenía porque ser diferente. #Deportes Ciudad de México #Copa Oro 2015