Tigres recibió tres goles, tres tristes goles, para convertirse así, en el tercer equipo mexicano en perder una final de la Copa Libertadores. Por tercera vez nos quedamos con el ya casi, por no decir ya merito, ya cursi y ya choteado. Igual que Cruz Azul en 2001 y Chivas en 2010, Tigres estuvo a un paso de hacer historia, pero no lo dio, nos quedamos todos con las ganas.

. Desde el partido de ida, en el Tecnológico, el equipo dirigido por el Tuca Ferreti perdonó a sus rivales en al menos tres (parece cávala negativa el número) claras ocasiones de gol.  En el primer tiempo del juego de vuelta, en el Monumental, los felinos volvieron a tener ocasiones claras que desperdiciaron. Y así se cumplió el lema: gol perdonado, gol recibido.

A pesar del imponente apoyo de los aficionados de River, narradores de televisión incluidos, el equipo universitario tardo solo diez minutos en tomar el control de la cancha. Al minuto 14 tuvieron la primera de peligro cuando el brasileño Sobis recibió un centro en el área, pero controló mal el balón y se le alargó de más. 

Desde los primeros minutos se notó que sería un encuentro ríspido, la lluvia constante fue un factor determinante para volver el juego entrecortado y sucio. Durante los primeros 25 minutos el equipo mexicano sumó cuatro amonestados, por uno de River; desde ahí comenzaron perdiendo, cuando cayeron en las provocaciones y el estilo ‘canchero’ de los argentinos.

A pesar de esto, Tigres tuvo mejores oportunidades de gol en este lapso: al 21 Aquino recortó a tres defensas por la izquierda, luego mando un centro que no pudo rematar Ginac; un minuto más tarde fue Jürgen Damm quien desbordó por la derecha, recortó a un zaguero y cuando parecía tener el arco abierto, decidió ceder la pelota en un centro descompuesto.

Por espacio de 20 minutos los visitantes asediaron el arco local, pero perdonaron. Pasado el 32’ River comenzó a ganar terreno y volverse cada vez más peligroso. Al 34’ “Palmera” Rivas cometió mano dentro del área, pero el árbitro juzgó la acción como involuntaria y no marcó penal para los locales, a pesar de los desaforados gritos los comentaristas televisivos.

Tigres falló y se lo cobraron caro. A un minuto de terminar el primer tiempo Lucas Alario, quien había sido amonestado al 8’ por una barrida artera que bien pudo ser roja, remató de cabeza un centro en el área, mandó el balón picado a la base del poste derecho de Nahuel Guzmán, quien poco pudo hacer para detener la trayectoria de la pelota. Para entonces el hastash #TodosSomosTigres ya había dejado de ser traind topic en Twitter. Se morían las esperanzas.

En el segundo tiempo, después del minuto 50, Tigres  logró retomar el ritmo ofensivo de la primera mitad. Otra vez fue Damm hizo de las suyas en el área, pero fue también él mismo quien erró en concluir bien las jugadas que generaba. Los pupilos del Tuca cayeron poco a poco en la desesperación, mientras los de River supieron manejar bien el partido, rompiendo el ritmo del mismo cada vez que les fue posible.

Al 72’ todo se derrumbó. Javier Aquino cometió una falta a Carlos Sánchez dentro del área. Esta vez el colegiado no lo pensó y señaló penal, el cual cobró sin problemas Ramiro Funes Mori. Entonces todo estaba acabado. Todavía Tigres intentó hacer algo a base de bríos, pero fueron bien contenidos por el equipo local, los cuales en un tiro de esquina clavaron el tercer gol. “Grande River” gritaron los comentaristas como si estuvieran en la cancha, cual jugadores o ‘inchas’.

River Plate ganó su tercer Copa Libertadores, la cual suma a las ganadas en 1996 y 1986; el equipo argentino ha perdido además dos finales de este torneo,  1966 y 1976. Nuevamente un equipo mexicano, el invitado incomodo, se quedó sin ganar la Final. Puede ser por docenas de pretextos, el arbitraje localista, el peso de cerrar siempre como visitantes, la presión de la CONMEBOL; pero cierto es que los equipos mexicanos no saben cómo ganar este torneo. Eso es triste.         #Futbol #Deportes Ciudad de México