Dentro de lo agradable que resultó la última jornada del torneo casero de fútbol, donde cayeron goles a racimos con muy buenos partidos, entre ellos el protagonizado por Pachuca y Toluca (3-4), el negrito en el arroz fue la pésima demostración del América, y no por la derrota en sí, sino por la mala imagen que deja en el aspecto disciplinario.

América es un equipo grande en todos los aspectos: económico (muy poderoso), infraestructura, títulos, nómina, mediático, tal vez el más popular en nuestro país, sobre todo ahora que las chivas rayadas del Guadalajara arrastran de fea manera la cobija.

Sin embargo, fuera de la polémica que inevitablemente causan sus actuaciones entre sus recalcitrantes seguidores y los abiertamente antiamericanistas, hay un prestigio que el club debe cuidar y que tiene que ver con la actuación de sus integrantes dentro del marco del deportivismo y el ejemplo que significan para miles de niños que se identifican con sus colores.

Los futbolistas de cualquier equipo, en este caso de las Águilas del América, son convertidos en ídolos por los pequeños, que ven en ellos a personajes a imitar: sus ágiles movimientos, su lucha en la cancha, sus grandes habilidades con el balón; pero también sus gestos obscenos, las simulaciones para sacar ventajas, y la violencia desmedida contra sus compañeros de profesión.

En su más reciente partido contra Tigres del "Tuca" Ferreti, donde perdieron por un gol a cero, destacan negativamente las actuaciones de Rubens Sambueza, gran jugador con un manejo de zurda envidiable, que ha retomado la fea costumbre de sentirse intocable y encarar a sus rivales de manera soberbia y retadora, con insultos, al igual que a los árbitros, a quienes no deja otra opción que la tarjeta roja.

Su mal ejemplo ha cundido en el resto de sus compañeros, pues también Benedetto, centro delantero goleador americanista, de manera inusual en él, cometió imprudente entrada sobre Jesús Dueñas, acción que por supuesto también mereció la roja.

Ni qué decir del “Miky” Arroyo, excelente jugador de relevo, pero que recién entrado al campo de juego agredió, pelota de por medio, a la esperanza del balompié mexicano Jurgen Damm, surtiéndolo arriba con codazo y abajo con sendos puntapiés, para luego, como remache, inclinar peligrosamente la cabeza con la intención de propinar un cabezazo ante el reclamo de Damm. Increíblemente el nazareno expulsa a Damm, en un afán completamente compensatorio.

Y ni hablar del par de centrales Aguilar y Goltz que llevan en cada entrada la fuerza y la intensidad más allá del límite deportivo y no desperdician oportunidad para dejar “recuerditos” en sus contrincantes so pretexto de una malentendida entrega deportiva.

Así las cosas, en el terreno de los resultados Nacho Ambriz va viento en popa, pero indudablemente en el aspecto disciplinario es evidente que es un cero a la izquierda para sus pupilos que hacen y deshacen a su antojo… Aunque si de solidaridad se trata, sí sacan un 10, pues en cuanto el juez central muestra una tarjeta roja a un coequipero, de inmediato acometen contra él para envolverlo en una nube de reclamos e insultos, escena digna del más folklórico de los campos llaneros.

Señores americanistas, son ustedes futbolistas profesionales, honren a su club y sean buen ejemplo para sus jóvenes seguidores. Con su soberbia e indisciplina manchan el buen paso que hasta la fecha llevan y justifican el “¡ódiame más!”, que como eslogan publicitario les funciona bien, pero estrictamente con ese fin. #Futbol #Deportes Ciudad de México #Torneo Apertura