Loable, sin duda, la reacción que el futbol profesional mundial, particularmente el club Real Madrid de España, quizá el más popular en todo el orbe, tiene ante la conmoción social que provocó las recientes imágenes de un niño que falleció ahogado en el mar al tratar de huir de la violencia de la guerra en Siria.

Por medio de su presidente, Florentino Pérez, el club merengue dio a conocer que donará un millón de euros para apoyar a los inmigrantes europeos que huyen de sus territorios de origen acorralados por la inmisericorde violencia que asola esas regiones del mundo.

El equipo español secunda de esta manera a los clubes Bayern Munich, alemán, y Celtic FC, escocés, que previamente habían anunciado también un apoyo económico para esta causa.

Es importante el ejemplo que aportan en el ámbito del deporte profesional, donde las exorbitantes cifras que se manejan por contratos publicitarios, taquillas, mercadotecnia, salarios, primas, y un largo etcétera más, son una afrenta para los ciudadanos comunes que, como en la mayoría de países, sufren de precaria situación económica, amén de conflictos bélicos y corrupción al interior de sus gobiernos.

Colectivamente, las entidades deportivas profesionales, así como aquellos deportistas en solitario que devengan exorbitantes salarios por su brillante desempeño deportivo, deberían estar obligados por la propia ética personal a devolver a la comunidad a la cual deben fama y fortuna un poco de lo mucho que obtienen, colaborando con estas causas de carácter humanitario.

No sería descabellado, por lo tanto, que se legislara en nuestro país, México, para que todos los clubes profesionales de las diversas disciplinas deportivas donaran, desde luego en la medida de sus posibilidades, una parte de sus pingües ganancias en beneficio de los estratos sociales más pobres de la sociedad.

Hay quienes ya lo hacen, lo cual es plausible, pero también es cierto que la mayoría se hacen desentendidos, denotando una falta de #Solidaridad lamentable hacia quienes los hacen ídolos y los colocan en planos económicos inalcanzables para las mayorías.

El conocido refrán “que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha” en este caso queda caduco, ya que se impone la necesidad de que quienes apoyan sean conocidos y reconocidos, para vergüenza de aquellos a quienes sólo les importa la fama y el dinero, pero que con su nula aportación a las causas sociales de su entorno denotan una falta de espíritu humanitario que no es compensado por sus reconocidas habilidades deportivas. #Deportes Ciudad de México #Europa