Es tan osado el ataque que no hay gente en campo propio. Uno por uno, dijo Arsene Wenger en la conferencia posterior al partido, los jugadores del Barcelona son mejores que los del Arsenal. Colectivamente, ambos equipos jugaron al cero y a sorprender. Para lo primero, hace falta siempre un bloque fuerte, sólido, lleno de elementos instruidos en el arte de la defensa y de contener el engaño. Para lo segundo, a veces basta con una individualidad en tono.

Tan osado se volvió, el Arsenal, que se olvidó de un detalle: tres de los mejores delanteros del mundo hace rato que andan derechos. Encima juegan juntos en un mismo equipo.

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Si tu rival es el Barcelona, hay que ser bien romántico para someterlo, o al menos para intentarlo. Pasados los 60 minutos del partido, el técnico francés suspiró un aliento de valentía y decidió que era momento de arrinconar al visitante.

Al fútbol le encanta este tipo de arrojo al peligro. La gente lo aplaude con entusiasmo. Hasta que la cosa sale mal. Tan mal, que incluso puede costar una clasificación. “Sabíamos que si hubiéramos querido que acabe cero a cero, el partido hubiera acabado cero a cero”, dijo Wenger, muy decepcionado, durante la conferencia de prensa. El Barcelona acababa de ganar por dos goles. Dos goles que, según agregó, corrieron por cuenta de la casa.

Londres no es precisamente la casa del Barcelona, pero es un lugar en el que los recuerdos sonríen. Allí ganó dos títulos de Liga de Campeones, en 1992 y 2011.

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Esta llave de la ida de octavos de final ponía, además del dato anterior, una realidad inocultable: hace rato que el equipo de Luis Enrique funciona en alta gama.

De una u otra forma. Si la tiene, hace daño al más puro estilo culé. Si la tiene y no hace daño, o no la tiene y le toca esperar, se hace letal en la transición. La llamada contra, en cristiano. Defensivamente, hay riesgos mínimos. Es en ofensiva que los azulgranas preocupan. Sobre todo cuando encuentran espacios. Cuando sus tres delanteros, de los mejores en el mundo, arrasan con muros y barricadas en pos de un objetivo.

El partido en el Emirates Stadium tuvo pocas chances claras de gol. Tuvo momentos para cada equipo. El Barcelona manejó con mayor comodidad el balón mientras que su rival encontró problemas. Cuando las cosas no salen bien con la posesión, el Arsenal es un equipo que también puede responder con transiciones rápidas y directas. Tiene, en Giroud, Alexis y Ozil, jugadores capaces de generarlas y aprovecharlas con facilidad.

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Pero tocó el Barcelona. Mala suerte. Poco sirvió la fuerza y el coraje en los gunners. Al sentir el puñal en sus manos, se envalentonaron sin pensar en las individualidades de su rival. Tomaron riesgos, y terminaron pagando caro. El fútbol aplaude los atrevimientos, pero los resultados golpean fuerte cuando son negativos. Como el del minuto 70: Arsenal fue con todo, perdió el balón, dejó espacios, no cortó ninguna posibilidad de contra, y pagó.

El doblete de Messi corresponde a la efectividad de un equipo que, colectivamente, pero sobre todo en el aspecto individual, parece superar a todos. De una u otra manera. Con posesión o con cachetazos certeros. La ‘Pulga’ definió con clase el pase de Neymar para el primero de la noche. Nadie lo pudo contener porque todos los locales, en pos de vencer al monstruo, de ganar el primer round de esta llave que los ponía en desventaja, estaban arrojados a la gesta. #Champions League #FC Barcelona