Al escuchar el nombre de Julio César Chávez, sólo una idea llega a la mente: Triunfo. Se vuelve imposible no evocar esos 13 años, 11 meses con 24 días en que fue invencible (1980-1994). Sin embargo existió un hombre capaz de hacer que Chávez se cuestionará si en verdad estaba hecho para el #Boxeo, ese hombre fue Andrés Félix. En la histórica pelea del 5 de febrero de 1980, día en que un joven Julio Cesar de 17 años, se ponía por primera vez los guantes de manera profesional.

La pelea estaba pactada a 6 rounds. Desde el primer toque de campana los dos boxeadores salieron a dar lo mejor de sí. Andrés Félix alias Andy tenía más experiencia que aquel novel Chávez. Pero lo que le faltaba en tiempo, le sobraba en “pundonor” palabra usada por el mismo Julio para describir la cualidad que le hizo salir avante aquel día.

“Yo estaba pensando seriamente que si yo perdía esa pelea, yo me retiraba verdad, porque el cansancio que se siente arriba del ring es la muerte”. Años después así se refirió el Gran César del boxeo a ese minuto de descanso después del round 5. Es imposible saber qué ocurría en la otra esquina, lo único cierto es que sólo Chávez volvió a la contienda, dejó postrado a su contendiente, quien ya no pudo levantarse del banquillo.

Esa ocasión el joven Julio ganaría su primer pelea profesional por K.O. técnico; y sería también el primero de muchos regresos en la trepidante carrera del campeón, como el ave Fénix, nos acostumbraría a verlo volver de las cenizas, a vencer en el último minuto.

Como el de aquel 17 de marzo de 1990, en la contienda del año y una de las mejores de la historia del pugilismo, cuando enfrentó a un portentoso Meldrick Taylor quien se había impuesto con base en su velocidad y buen boxeo en la mayoría de los episodios.

Habían pasado 10 años de la contienda con Andrés Félix y la situación parecía repetirse, habría que dar el último aliento, sólo que, a diferencia de esa ocasión, ambos peleadores salieron en el doceavo y último round. Meldrick Taylor a tratar de conservar su ventaja y Chávez a jugársela a una carta, la del Nocaut. Éste llegó a escasos segundos del final, con un golpe de derecha que pulverizó la mandíbula del peleador afroamericano y que selló la carrera del mexicano, como uno de los más grandes peleadores de todos los tiempos.