En la temporada 1996-97 del futbol mexicano, los dueños de los equipo tomaron una decisión que en ese momento pintaba para ser revolucionaria y beneficiosa en los ingresos para el espectáculo y que llevaría nuestro fútbol a un nuevo nivel en donde sería reconocido y respetado a nivel mundial; cambiar de un torneo anual, a dos por el mismo lapso de tiempo.

Esto significaría que después de 17 jornadas de fase regular, primero 8 equipos clasificaría a un liguilla en donde habría cuartos de final, semifinales y final en formato de ida y vuelta en cada uno de ellos. El aumento de partidos ocasionaría más tiempo para la publicidad, más gente pagando boletos, y por ende, más ingresos que serían destinados a mejorar nuestro fútbol.

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Y que hasta la fecha seguimos esperando esa mejora.

Pero no solo tuvieron esa “brillante” idea, también se les ocurrió aumentar el número de jugadores extranjeros permitidos de tres a cinco por cada equipo, esto porque “ese tipo de jugadores brindarían más espectáculo al deporte”, según ellos.

Esto funcionó sin duda alguna, hubieron más ingresos y el espectáculo del fútbol mexicano se desplazó por muchas partes de globo. Pero a largo plazo a ocasionado “taponear” a los jugadores de fuerzas básicas que están en espera de una oportunidad y que el lugar que les corresponde está siendo ocupado por un extranjero. Pero a los dueños no les preocupó esto, ya que según ellos, impulsaría a los jóvenes a ser de lo mejor si quería quitarle el puesto a otro jugador.

Hoy en día se suma otra polémica: los naturalizados.

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Y es que hasta el 2013, los jugadores extranjeros que militaban en el fútbol mexicano tenían que cumplir 10 torneos para poder jugar como mexicano y no ocupar una plaza especial. Pero después el entonces secretario de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) y ahora presidente de la Liga MX, Decio de María, comentó que esta regla había sido dejada de lado y ahora el jugador solo tenía que cumplir con obtener el pasaporte mexicano. Proceso que se tarda 2 años.

¿Las consecuencias? 149 jugadores naturalizados actualmente. Un promedio de 8.2 por equipo (excluyendo al Club Guadalajara por jugar con puro mexicano) sin contar a los 5 extranjeros por club.

 

Esto ha ocasionado problemas en la fueras básicas de los equipos con los jóvenes que están esperando la oportunidad de debutar en lo profesional. Ya que se ha visto que en la divisiones inferiores de nuestro fútbol hay buenos resultados con dos mundiales sub 17 conseguidos en el 2005 y en el 2013 y la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

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El problema es que solo el 20 por ciento de los jugadores de esas selecciones apenas tienen minutos en primera división. Los demás, aún no debutan o están rezagados en el banco de sustitutos.

Ante este suceso, se plantea discutir el tema y buscar una solución en la junta de dueños que se celebrara en mayo próximo. El principal miedo hoy en día, es que la selección nacional se vea perjudicada al no poder acceder a jugadores mexicanos de nivel. Tal y como sucede en Inglaterra, en donde la mayoría de sus equipo juegan con uno o con ningún inglés, y su conjunto nacional no logra nada desde 1966 que ganaron el mundial de fútbol como local.

Ahora con Enrique Bonilla al frente de la Liga MX, se esperan cambios importantes, que esperemos, no se queden sobre el papel… o la boca de algunos. #Futbol #Crónica Ciudad de México