Han pasado 205 años desde que Miguel Hidalgo y Costilla expidió en Guadalajara, Nueva Galicia (hoy Jalisco), el Decreto contra la esclavitud, revolucionando y erradicando algo tan cruel e inhumano como tratar a los individuos como objetos, aunque hoy en día hay personas que aun tratan de llevar a cabo estas acciones (baja la mano por supuesto) se tienen en cuenta los castigos que implican estos actos en gran parte del mundo. No así en México.

El deporte en nuestro país y sobre todo el fútbol, supondría una armonía y una libertad por parte de los atletas que desempeñan una actividad física como una profesión y que reciben recompensa monetaria a cambio de lo que todo mundo pensaría, es diversión pura. Y es que parece que la esclavitud y la libertad laboral son temas meramente jurídicos, y no tendrían por qué discutirse en el rubro deportivo. Esa conexión que muchos desconocen, se llama “Pacto de Caballeros”.

Este “pacto” es un acuerdo verbal que consiste en que para que un club pueda contratar a un jugador que ha terminado su contrato, debe pagar un monto acordado al equipo dueño de la carta del jugador por derechos de formación, lo que quiere decir que, el jugador no es libre aunque haya cumplido con su contrato y este ya ha expirado. De no hacer el pago, el jugador no podrá ser contratado por algún club del fútbol mexicano y la única opción que queda, es esperar alguna oferta del extranjero para poder jugar en él, o esperar allí a que alguien pague los derechos para que pueda volver a jugar en México. Esto, claramente viola el artículo 18 del Reglamento sobre el estatuto y transferencias de jugadores de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) en donde parafraseando al mismo expresa que “un jugador es totalmente libre de negociar su carta con el club de su conveniencia, una vez que el contrato que sostuvo con su anterior equipo, ha caducado”. Una vez más. No así en México.

 

“Es una clara violación a los derechos laborales y de libertad en nuestro país. El jugador no es un jugador para los dueños, es un objetivo del cual consiguen dinero, por goles, logros que consiga en el equipo. Para ellos, al momento que el atleta decida irse a otro club con su carta en la mano, y sin contrato que lo amarre, el (jugador) debe mostrar su gratitud al equipo que lo dejó jugar en él. Maldad pura”, comentó Enrique Sánchez Vera, periodista deportivo desde hace más de 30 años.

Y es que a pesar de lo que se crea, esto no es nuevo, lleva más de 20 años en uso y tampoco es algo totalmente desconocido aunque todos los dueños así lo quieran hacer ver. Es como se dice en México “un secreto a voces”.

 Los creadores

En una entrevista otorgada al periódico El Universal en el 2002, Rafael Lebrija, ex dirigente de Atlas, Chivas y Toluca, comentó que “esto comenzó con un importante impulso de Grupo Televisa (dueño del Club América y Necaxa en ese año) y Grupo Pegaso (dueño del Atlante), junto con otros dirigentes como Víctor Garcés (Cruz Azul), Miguel Ángel Couchonal (Atlante) y Jorge Urdiales (Monterrey) dieron forma y contenido al tratado”. Y claro, con el respaldo de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF), que en ese momento aún no se desligaba de la Liga MX. Esto por el temor de los jugadores de no poder volver a jugar en México y en los dirigentes, de quedarse en su zona de confort.

 En 2012 el aún presidente de la FIFA, Joseph Blatter, viaje a México como parte de los invitados de “honor” para la inauguración de la primera temporada de la Liga MX, ya separada de la FMF. En varias de las entrevistas que otorgó a diferentes medios, se le cuestionó acerca del “Pacto de Caballeros” y del monopolio de nuestro fútbol y lo único que comentó fue “no estoy enterado, cuando alguien haga una denuncia acerca del tema, lo trabajaremos”. Y ahí quedó.

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