El Club Deportivo Guadalajara decidió desde muy pronto a inicios del siglo pasado, utilizar únicamente jugadores nacidos en territorio nacional (aunque algunos futbolistas han nacido fuera de las fronteras nacionales pero tienen padres mexicanos) por lo que la condición ya no parece ser “nacidos en #México” sino “jugadores constitucionalmente” nacionales.

El entorno social prerrevolucionario en el que se tomó esta determinación, estaba lleno de animadversión contra los extranjeros; Porfirio Díaz cumplía 30 años en el poder, la pobreza era tal en México que toda la riqueza era poseída por poco más del 1% de las familias, los inversionistas extranjeros empezaban a adueñarse de las concesiones petroleras, lo que generaba un sentimiento de unión y pertenencia entre los mexicanos. En Guadalajara, la entonces segunda ciudad más grande e importante de México, la situación no difería; pero había extranjeros que buscaban conciliar esa sensación de rechazo contra lo que no tuviera la bandera nacional como estandarte, uno de ellos fue Edgar Joannes Jozef Everaert, un comerciante belga que fundó en 1906 el Union Football Club, y que en 1908 se convertiría en el Guadalajara.

En esos años iniciales, algunos extranjeros participaron con el Union Football Club, pero al transformarse en Guadalajara, y mediante el sentimiento de repudio por los extranjeros que se propagaba en tierras aztecas, decidieron emplear elementos nacionales. Así se erigieron como el baluarte de las clases trabajadoras y populares, contrastando en sus dos máximas rivalidades deportivas, que apelaron a la riqueza económica y al uso de futbolistas foráneos, como Atlas o América.

Afortunadamente para ellos, esa situación les rindió frutos durante casi un siglo, pero hoy en día corren otros tiempos, y aunque existen otros ejemplos en el orbe que comparten esa misma política, ninguno de ellos persigue la supremacía local, y sí su postura anti-imigrantes. Actualmente el mundo ha difundido mediante medios de mayor alcance, el poder y la necesidad de la migración humana, la gente va en búsqueda de oportunidades fuera de los lugares donde accidentalmente vio la primera luz, las banderas y los himnos cambian; Novak Djokovic, el famoso tenista número 1 nació en 1988  en Belgrado, entonces capital de Yugoslavia, y aprendió a cantar un himno y a honrar un lábaro, pero unos años después ese lábaro y ese himno pertenecían a otro “grupo” de personas que ya eran extranjeros.

Otro ejemplo es la selección Alemana de #Futbol, ganadora de 3 Copas del Mundo y que hasta hace poco jugaba con elementos rubios y con apellidos germánicos, pero hoy en día incorpora más rostros y apellidos extranjeros de acuerdo a la dinámica social que se vive dentro de sus fronteras, ¡y es el actual Campeón del Mundo!

Resulta porfiado, obtuso, xenófobo y socialmente censurable que se denoste a alguien por su pasaporte e impedirle participar de una actividad por ello. La gente del Guadalajara, asistida por ese sentimiento de patrioterismo sigue creyendo que por allí en algún municipio jalisciense, nacerá un Messi o un Maradona que los regrese a la gloria, y seguramente ocurrirá cuando ellos estén muy lejos de la división de honor.

Conclusión

Esta postura  ha servido desde épocas inmemoriales para justificar de antemano los fracasos aduciendo que “se juega con puros mexicanos” (una frase triste que siempre ha sonado como a jugar con discapacitados), y como si fuera una condena infligida, cuando ellos han sido quienes se han colocado esa “loza” sobre sus propios hombros. La justificación de emplear extranjeros implicaría un reordenamiento social, dando un ejemplo de inclusión justo en un mundo donde los clichés deberían romperse, reconociendo que México no es el país con mayor cultura y poderío balompédico, por lo que traer elementos de países donde la disciplina, la pasión, el gusto, la genética, la mentalidad y la sed de victoria están adheridos al ADN, sería sin duda un salto cualitativo. #Deportes Jalisco