La enfermedad citada afecta a la memoria de quienes viven el deporte rey y les provoca, a diario, estados de ánimo versátiles donde los sentimientos y las suposiciones son el palo de la bandera. Sin ser moco de pavo y utilizando la palabra consciente de su magnitud, al fútbol se le ocurren infinitas maneras de destronar a los reyes, pero bien pocas de recordarlos.

Hay 50.000 ejemplos donde a la mayoría de medios de comunicación, periodistas y aficionados se les olvida recordar o recuerdan lo que les apetece. Tan simple como hacer memoria. Incluso creo que no la quieren hacer, porque para qué reconocerle a alguien sus méritos, si ya no trabaja contigo y no juega para ti, no vive tus triunfos y no te hace feliz.

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Es tu rival y compites contra él y te da pereza decir lo bueno que era, porque como no viste tu camiseta, ahora está de más. Murió Cruyff, el padre que le otorgó la excelencia a un modelo de juego. Aunque el fútbol se inventara antes que el holandés aterrizara en Barcelona, aunque el Madrid de Di Stefano era un espectáculo y el Brasil de los 70 enamorara a los románticos, cada época tiene su rey y se le debe recordar por la profundidad de la huella impregnada y no por los corazones que rompió.

No siempre ganan los tuyos, tu jugador favorito no hace dobles figuras en cada partido, no puedes escoger la manera como ganas, ni el resultado final del encuentro porque el deporte es impredecible. Es bonito, entrañable, caprichoso y está lleno de sentimientos. Ese es el gran handicap. La magnitud de emociones positivas que puede llegar a despertar alguien de ‘los tuyos’ y la cantidad de ‘Alzheimer selectivo’ que puede sufrir la mayoría, cuando intenta recordar lo que hizo ese por ti.Las comparaciones casi nunca son productivas, aunque se podrían utilizar para competir mejor o para extraer lo positivo que nos dejó ese legado y, en consecuencia, no volver a cometer los errores de antaño: en ocasiones son el arma preferida para dañar al que se fue.

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El mundo llora la pérdida de la figura de Cruyff y ahora nos acordamos de todo lo que dejó. Es cierto que el ’14’, tras ser futbolista y entrenador, fue ‘entorno’ y eso pesó. Su opinión sobre lo que rodeaba al Barça le generó tantos seguidores como detractores. Hasta ahí bien, pero cuando la crítica de lo personal traspasó el cerco profesional apareció el ‘Alzheimer selectivo’. Aún en vida, infinitos se olvidaron de todo lo que nos había dado Johan y le condenaron por su opinión personal. Cristiano no será peor futbolista por decir que es guapo y rico, aunque tú creas que es un chulo, ni Guardiola peor entrenador por pedir prudencia ante un equipo de Segunda ‘B’, aunque pienses que se esta tirando el rollo.

La vida privada y la opinión personal de cada persona, aunque sea pública, no deben condicionar la opinión del que valora su trabajo. Si los periodistas tenemos mucha faena en cambiar esto, la sociedad debe hacer el mismo esfuerzo en darse cuenta que este no es el camino. Sé que es muy fácil escribir este artículo y quedarme tan ancho, pero todos sabemos que hay casos y casos.

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Las traiciones deben ser condenadas y la realidad es la que vivimos, jode cuando se marchan de tu lado, sea de la manera que sea. Pero la cabeza, donde se quedan los recuerdos, en este caso debe poder al corazón. La muerte no puede ser el punto de inflexión para reconocer el legado porque entonces, ya no hay vuelta atrás.  #Futbol #FC Barcelona