Son ya nueve partidos los que Zizou ha comandado al equipo, y antes del choque contra la Roma se me ocurren algunas reflexiones sobre este asunto.

La lógica del madridismo es la siguiente: dos goleadas en el Santiago Bernabéu, júbilo y máximo optimismo, ‘’¡Zidane es la solución, qué cambio!’’ Se empata contra el Betis y Málaga y vuelven los fantasmas. Llega el derbi contra el Atlético de Madrid, se pierde y se pierde en todo: ‘’Zidane no tiene experiencia, los jugadores están con él pero no aporta soluciones’’. Toda esta vorágine de valoraciones en caliente, orgullo malentendido e inexistente paciencia, es un clásico de los aficionados del coliseo blanco.

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Como se entiende por estas líneas, no entra dentro de la lógica #Futbolística que un entrenador en nueve partidos pase de estar en la cresta de la ola a que los periódicos deportivos hablen de sustitutos ya en Junio. Parece que se tiren piedras sobre su propio tejado. Halagos al principio, mal, pitos y desconfianza cuando el equipo más lo necesita, peor aún. Teniendo la Liga sentenciada, a doce puntos del líder y eliminados de la Copa del Rey, por no tener en cuenta las sanciones de los propios jugadores del Club, en fin, auguran una temporada paupérrima.

Eso sí, aún queda la Champions League, donde el Real Madrid quiere competir y tratar de ganar, complicado por los rivales que hay y, visto el nivel de algunos jugadores, es normal dudar. El madridismo está instaurado en una dinámica muy negativa y entiendo que Zidane es el que puede desenredar esto.

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No porque vaya a decirle a James como centrar, a Cristiano y Bale como chutar, o a Benzema como desmarcarse. Eso los jugadores ya lo saben y lo hacen muy bien, cuando quieren. Ahí entra la figura de Zidane. Tiene que sacar el máximo rendimiento de los jugadores, motivarlos y mantenerlos centrados única y exclusivamente en el verde del terreno de juego. No sé si Zizou por ser quién es tiene más crédito ante un Florentino que no suele temblarle el pulso a la hora de cesar entrenadores, pero no veo otro perfil para llevar la situación a buen puerto.

El balance son nueve partidos: seis victorias, dos empates y una derrota. Veintiséis goles a favor, siete en contra. Qué cada uno extraiga sus propias conclusiones.