La final de 1974 se repetía en el estadio Vicente Calderón, al que arribaban dos equipos con características disímbolas y hasta complementarias para la segunda semifinal de la UEFA #Champions League: el Atlético de Madrid con la mejor defensa y el mejor promedio de goles recibidos en contra, y el FC Bayern München con la aplastante ofensiva que los tiene cerca de un nuevo título en Alemania; sin embargo esta noche los uniformes parecieron intercambiados, porque fueron los madrileños quienes tomaron la iniciativa y sacudieron la tranquilidad defensiva de los bávaros, que a su vez, durante la primera mitad padecieron las llegadas más corrosivas de la contienda.

Los primeros diez minutos fueron abrumadores para los visitantes, y justamente al minuto 11 llegó una joya individual por parte de Saúl, que recuperó un balón en tres cuartos de su ataque y avanzó con descaro, dejando sembrados a varios alemanes, y cuando pisó el área se deshizo con un quiebre magistral del último centinela, para cruzar un disparo de pierna zurda a segundo palo, que sorteó quirúrgicamente las manos de Neuer.

La media cancha rojiblanca se blindó con Koke y Gabi, que iniciaban las llegadas propias y ahogaban los intentos rivales, Torres con el equipo a cuestas, Griezmann aislado pero peligroso en velocidad y Filipe Luis desquiciando la cintura germana. Los dirigidos por Guardiola no encontraban primero la pelota en zonas de trascendencia y después la tranquilidad para tejer el entramado de pases al que nos tienen acostumbrados, y cuando pisaban el área mayor ahí estaba Juanfran y Oblak secando los intentos teutones.

Guardiola no cambió la idea, en la que Bernat carecía de salida por la izquierda y tuvo que optar siempre por Lamm en el costado derecho, y empezó a apelar a la virtud individual y no al concepto colectivo tan prototípico de sus estrategias; Vidal pasó más tiempo reculando por balones en su propia mitad y Xabi Alonso desapareció ante la marca multiplicada que Simeone le colocó.

Para la parte complementaria el cotejo cambió muy poco porque el técnico catalán decidió ingresar muy tarde a Ribéry y a Müller, a quienes tuvo sentados más de una hora, privándose de una dupla mortífera al ataque debido a su preocupación por la ofensiva colchonera, que a los 75 minutos tuvo otra opción a través de Torres, cuyo disparo encontró la madera y corroboró la sensación de que lucía más fácil el 2 a 0, que el empate a uno. Los locales jamás perdieron el orden, y se escalonaron a la perfección tanto vertical como diagonalmente, esperando en superioridad numérica a sus rivales, y desapareciéndolos como a Lewandowski, que fue un fantasma esta noche y deambuló sin pena ni gloria en la grama del Calderón.

Al Bayern se le olvidó pivotear, ese fantástico concepto de jugar hacia adelante tocando hacia atrás que el equipo neerlandés del 74 mostró al planeta y cuyo exponente máximo (Cruyff) enseñó al “Dream Team” que contaba con Guardiola, y a cambio decidió infiltrar jugadores por el centro, sin la profundidad ni los trazos necesarios para horadar la muralla rayada. Finalmente con la entrada de Ribéry y Müller parecía que los alemanes podrían aspirar a algo más, pero el inconmensurable corazón rojiblanco fue mejor que la disciplina y estrategia de los bávaros. Al final, el Bayern intentó con mayor agudeza pero en dos ocasiones se encontró con el esloveno Oblak, conteniendo cuanta pelota merodeara su valla. El marcador final favoreció a los Colchoneros, que el próximo martes intentarán dar la campanada en el Allianz Arena. #Europa #FIFA