El Barcelona fue a meterse esta noche al estadio Vicente Calderón, con la consigna de liquidar la eliminatoria en su favor, y con la ventaja del 2 a 1 logrado en el partido de ida en su propia casa, sin embargo desde el momento mismo de saltar al campo, la opresiva atmósfera colchonera se hizo sentir y les gritó en la cara que de la capital española saldrían malheridos o no saldrían, pese a venir enfundados en la señera.

Los pupilos de Simeone comenzaron el partido con un cuchillo apretado entre los dientes y el corazón en la mano, mucho menos técnico y pulido el planteamiento del argentino, en comparación con el que Luis Enrique diseñó para lograr colarse a la siguiente fase; los catalanes precisaron de la solidaridad defensiva de su tridente de arietes sudamericanos, porque el balón estaba permanentemente rondando el área visitante. Suárez jugaba de espaldas al arco contrario, Messi reculaba por balones hasta su propio territorio y Neymar jalaba marcas en zonas inofensivas, siendo los dos últimos copados por cuatro o seis piernas cada vez que se hacían de la pelota.

Las llegadas madrileñas se ejecutaban siempre por derecha y este avance asimétrico nunca fue leído por el Barcelona, ya que por ese sector llegó a los 36 minutos un pase magistral de Saúl, que condicionado por su ubicación y perfil, largó un servicio de pierna zurda con tres dedos a la cabeza del francés Griezmann, cuya talla pequeña no le impidió elevarse lo suficiente para conectar con la testa hacia la escuadra izquierda del arco de Stegen, cuyo vuelo fue estéril; 1 a 0 se colocaba el tanteador.

Para la segunda mitad el partido perdió la nobleza y las entradas fuertes empezaron a aparecer, Simeone ajustó algunas tuercas y anuló las inconmensurables virtudes catalanas mediante la potenciación de sus propias claridades. El Barcelona lucía inoperante y desarticulado, no podían traspasar el doble muro inamovible en el primer cuarto defensivo del ‘Aleti’, pero sí supo desarmar a los valientes colchoneros que se lanzaban al contragolpe sobre su propia meta.

Al filo de la hora de partido el asedio barcelonista empezó a sentirse de manera sofocante, ello le agregó una carga emotiva fuerte al cotejo porque mientras los 11 rojiblancos (esta noche de azul) carecían del balón y estaban encerrados en su campo, Turan entró para provocar a la grada e inyectarle una dosis extra de estamina a los suyos. Rakitić no lució porque Koke apretó más la pierna y Luis Enrique decidió reemplazar al croata, con lo que perdió talento en el medio campo; Suárez tuvo dos choques con su compatriota Godín y en el segundo le propinó un codazo que le causó inflamación del ojo derecho. Los ánimos subían de temperatura.

El reloj avanzaba y el Barcelona se asfixiaba lentamente en su propia falta de recursos para doblegar a un equipo que parecía que jugaba con 25 hombres; finalmente al minuto 87, Filipe Luís escapó y al pisar el área decidió ceder a la llegada de Griezmann, pero Iniesta cortó con la mano para un indiscutible penalti señalado por Nicola Rizzoli, con la buena fortuna de no salir expulsado, como reclamaban los capitalinos. El mismo Griezmann se encargó de patear al poste izquierdo de Stegen, que alcanzó a arañar la pelota pero no lo suficiente para impedir el segundo gol local.

Sobre las postrimerías del partido y en un ataque visitante, no se marcó una clara mano dentro del área de Gabi que habría significado un disparo desde los 11 pasos a favor del Barcelona, la decisión del juez central se dejó llevar por la posición de los pies del madrileño, que estaban fuera del área , consumándose así la maldición del campeón, y la plausible incursión del equipo colchonero a las semifinales de la UEFA #Champions League. La corona del campeón cayó a orillas del Manzanares. #Europa #Barcelona FC