Hay momentos en el futbol que pasan más allá de lo increíble, y esta noche el Real Madrid demostró que tiene objetivos muy claros en la #Champions League, porque los merengues jugaron el mejor partido desde hace mucho tiempo y lograron imponerse con autoridad al Wolfsburg, que llegaba al Santiago Bernabéu con la promesa de un partido maravilloso desarrollado la semana anterior en su propia casa.

El equipo germano arribaba a la capital española con la promesa de repetir el concierto balompédico desplegado en su estadio, y con la dulce esperanza de eliminar al equipo más exitoso en este certamen, sabedores de que durante hora y media tendrían que capotear un vendaval albo que les pondría a prueba aciagamente, pero que de poder contenerlo, haría que el nombre de la institución y de sus aguerridos soldados se escribiera en altorrelieve y con letras doradas.

Los visitantes iniciaron indómitos mediante el correcto traslado de la pelota y achicando el campo para impedir que los jugadores del Madrid lograran hilvanar jugadas que trasladaran el esférico a zonas donde sus artilleros pudieran crear peligro. Los alemanes esperaban que el reloj avanzara y si era posible, darían una estocada que habría obligado al cuadro blanco a anotar cuatro goles al menos, por uno solo de los teutones.

El Real Madrid no se desesperaba, controlaba las acciones y distribuía adecuadamente a sus jugadores volcados hacia el arco rival, sin desesperación pero consciente de que solo tenía 90 minutos para empatar al menos, y para ello tenía que abrir el ostión antes del final de la primera mitad, así que empezó a ahogar a los rivales, que llegaban con jugadores apercibidos y cuya próxima tarjeta los habría sancionado con un partido de castigo para enfrentar las semifinales.

Los de Zidane se adueñaban gradualmente del cotejo pero faltaba tranquilidad en el marcador, pero erróneamente buscaban sortear la retaguardia contraria por medio de sus atacantes, en lugar de hacerlo con sus volantes, lo que ocasionaba que la última línea quedara ahogada y sus aproximaciones resultaran estériles frente al arco de Benaglio.

La consigna se empezó a firmar a los 16 minutos, con una escapada de Carvajal por la pradera derecha, que al arribar al área lanzó un pase en diagonal con la intención de llegar a segundo palo, y con la complicidad de los centrales alemanes, llegó a donde estaba destinado, a los botines de Cristiano Ronaldo, que simplemente cacheteó el esférico y lo anidó para el 1 a 0. Un minuto más tarde, los locales cobraron un tiro de esquina por la punta izquierda, a primer palo se elevó el lusitano nuevamente y cabeceó a poste contrario para batir por segunda ocasión la meta blanquiazul; ese gol ponía el partido en neutralidad y en un empate a ceros.

A la media hora, Julian Draxler se rompió y tuvo que abandonar el campo, con ello el hombre más incisivo de los visitantes dejaba su lugar a Kruse, reposicionando a Schürrle en el lugar que ocupaba el lesionado, logrando poner en aprietos al cancerbero costarricense de los capitalinos, quien mostró un gran despliegue técnico cuando se le exigió; no obstante el Madrid jamás declinó en su intención de evitar la prórroga y siguió sitiando el marco rival pero sin poder ponerle dueño a la eliminatoria, hasta que a los 66 minutos, Cristiano cobró una falta desde media distancia con pierna derecha y, aunque sin la potencia acostumbrada, colocó el balón pegado al palo izquierdo del meta suizo, que fue traicionado por su muro defensivo;  con ello, el Madrid lograba la remontada y se metía en alguno de los bombos que el próximo viernes dilucidarán las semifinales de la Champions League.

Cristiano mostró que también sabe aparecer en momentos cruciales, ya lo había hecho hace unos días en el Camp Nou y esta noche se echó el equipo al hombro firmando un “Hat-trick” que brindará mucha confianza a sus compañeros, y que convertirá al Madrid en un hueso duro de roer para cualquiera de los rivales que tenga que enfrentar. #Europa