Pumas llegaba a Guadalajara con la misión de romper con una sequía de 34 años sin ganar en suelo jalisciense. La guerra comenzó desde la trinchera de las redes sociales, con un desplegado chiva que evocaba los años en que pumas no se ha hecho con la victoria contra ellos. La respuesta puma no se hizo esperar, otro despliegue rememorando lo acontecido en la final del campeonato Clausura 2004, buscaba calar en el fondo de la afición del chiverío.    

El horario del partido dominical se modificó de las 5 a las 8:30 de la noche, con el fin de ligar la audiencia con los programas sucesores de la televisora. Horario atípico, pero gran hora para jugar al fútbol; sobre todo si se tiene en cuenta el caluroso clima que ha permeado al país en las últimas semanas.

4-3-3. Ambos cuadros optaron por comenzar con la misma alineación –qué mejor homenaje J. Cruyff, que partir de la base de la escuela holandesa-. Matías “El Pelado” Almeyda decidió dejar en la banca a la nueva joya chiva, Javier López “La Chofis”. Todo presagiaba un encuentro disputado, peleado hasta con los dientes por dos equipos que han generado -desde la llegada de Jorge Vergara como mandamás de las chivas- una gran rivalidad que tiene como base el antecedente ya redactado de la final ganada por los Pumas de la UNAM.

Pocos podíamos imaginar que al minuto 19, Orbelín Pineda horadaría el marco del “Pikolin Palacios con un disparo cruzado de pierna derecha, que sería desviado por el contención de Pumas, Hibert Ruíz, incrustándose en el marco universitario. En escasos 10 minutos, y dictando lo que serían los 90 de tiempo regular, llegó el gol de Isaac Brizuela, quien, entrando por sorpresa detrás de Luis Fuentes y rematando a centro de Cisneros marcaría el segundo en la cuenta rojiblanca.

Con éste marcador se llegaba al medio tiempo, amabas escuadras se reunían al centro del campo. La Universidad parecía pesimista, ensimismada ante el resultado y, aún peor, ante su propia actuación. Nada en el accionar puma inspiraba una remontada. Matías Britos corría por todo el campo y poco lograba conseguir; los trazos largos a Quiñones y a Sosa no surgían ningún efecto y morían en las piernas de la defensa chiva. No obstante, la defensa universitaria era la que mostraba mayores carencias: se dejó en evidencia la lentitud de la saga pumas y, en especial, del capitán Darío Verón, quien no vio una de sus mejores noches.

La segunda parte dio inicio; las renovadas aspiraciones pumas se derrumbaron ante el segundo gol (en su cuenta personal) de Isaac “El Conejito” Brizuela. 3-0. La grada resplandecía en rojiblanco; los Pumas buscaban asilo o el pitazo final del colegiado. Sin embargo, y con oídos sordos ante las súplicas, cayó el 4 gol en la cuenta de Chivas; ésta vez por conducto del recién ingresado Javier López “La Chofis”. Soberbio gol que dejó plantado con un recorte de pierna izquierda a Darío Verón y culmino con un cruzado bajo de derecha ante la salida de “Pikolín” Palacios.

Chivas cerró el partido. Dejó intacta la historia y continúa con su camino ascendente en la liga local. Se ha deshecho de la malaria de empatitis, que tanto los acechaba al principio del campeonato. Con un estilo en el que resaltan la gran velocidad, el pressing alto, la marca a la ofensiva y jóvenes rojiblancos con amor a la camiseta que sudan; Chivas representará, de ahora en adelante, un gran reto a todo aquel que quiera pasar sobre ellos.

Por lo que respecta a Pumas. El clima se torna desfavorable en la liga -no así en la Copa Libertadores donde son líderes de grupo-. El contraste con el semestre pasado es amplio, sin embargo la esencia del juego de Memo Vázquez aún es clara, el problema puedes ser de vestidor. No hay que dudar que Pumas pueda entrar en la fiesta grande y causarle estragos a cualquier equipo, siempre y cuando encuentren su mejor forma futbolística.         #Deportes Ciudad de México #Deportes Jalisco