Sábado lombardo con olor castellano, la zona con el segundo Producto Interno Bruto (PIB) más alto de #Europa era ‘invadida’ por casi 60 mil españoles, que sitiaron la ciudad de la Madonnina.

 

Camisetas albas llenas de esa arrogancia al saberse el mejor equipo del siglo XX, paseaban a sus anchas por la Piazza del Duomo, o el Arco della Pace, coexistiendo con los enaltecidos rojiblancos, que incluso sometían a concurso los coros respectivos de su equipo, con la fanaticada merengue. Todo un día de fiesta trasladado desde el Paseo de La Castellana y la Arganzuela, al barrio de San Siro (cuyo nombre se esgrime de manera coloquial al Estadio Giuseppe Meazza cuando juega de local el A.C. Milan, y mantiene el nombre del bicampeón italiano cuando ejerce la localía el F. C. Internazionale), en el que la seguridad de ambas fanaticadas por conseguir la victoria, pronosticaba un duelo lleno de fiereza y calidad en el recinto más grande de Italia.

 

El Atleti llegaba a Milán hinchado de satisfacción por haber echado en fila a los campeones de Países Bajos, España y Alemania, mientras que con una eliminatoria menos reluciente y más cómoda, arribaban los dirigidos por Zidane. El duelo de esta noche lucía definitivamente más parejo que el de hace un par de años en Lisboa, y el sello de Simeone estaba impregnado hasta la última célula de sus dirigidos, tal como era el Cholo en la cancha, apretando los dientes y sudando gotas extras, basados más en el coraje, brío, pujanza y empaque, aderezado por la inspiración de algunos jugadores como Torres, Saúl o Koke, sin olvidar las inexpugnables manos de Oblak.

 

Los primeros minutos empezaron con poca profundidad y muchos deseos colchoneros, el Madrid se hizo de la pelota y desgastó física y emocionalmente al ‘Atleti’ porque el equipo que no la tiene siempre se erosiona más, y la posesión de pelota merengue era al 3 por uno durante 70 de los 90 minutos. Pero al Madrid le bastó insistir durante un cuarto de hora para abrir el marcador con un tanto de Ramos, que volvía a marcarle al mismo rival en una final, y entonces el partido se condicionó en un trazado previsible que colocaba a los rayados con un decidido planteamiento en pos de igualar, y a los de La Castellana con la necesidad de soportar los embates y horadar de nueva cuenta la meta de Oblak mediante un contragolpe, y de la mano de su paciente construcción de jugadas desde su primera línea, en tanto que el Atlético comenzó a trastabillar sus estrategias porque pretendía llegar en 4 o 5 toques al área rival y omitió que por arriba no ganaba una sola pelota, ya que los jugadores albos siempre eran más altos y más hábiles. Al 47 los colchoneros tuvieron opción de empatar pero Griezmann reventó el travesaño desde los once metros y la desazón rojiblanca inundó el inmueble milanista.

 

Cristiano desapareció todo el partido, esporádicas apariciones sin trascendencia fueron la constante del luso, y en el minuto 79 Carrasco respondía con una anotación que le brindaba todo el momento anímico a los rojiblancos y les inyectaba histamina para suplir las reservas físicas, que abandonaron a los madridistas después de los 90 minutos reglamentarios y durante la media hora de la prórroga en la que daba la sensación que el Madrid no perdió porque al Atlético le dio pánico ganarle a su bestia negra.

 

La tanda de pénaltis se ejecutó con la parcialidad merengue detrás de los arqueros y su equipo ejecutando primero, dejándole la presión al rival. Lúcas, Marcelo, Bale, Ramos lograban ejecuciones perfectas por el Madrid, en tanto que Griezmann, Gabi y Saúl anotaban por los del Cholo, y Juanfrán colocó su disparo en la base del poste derecho de Navas. Momento para que el jugador más mediático de la noche, que pasó inadvertido se colocara el traje de héroe y anotara engañando al arquero rival y el Madrid se erigiera campeón de este torneo por undécima ocasión y por ende, la Cibeles se volvería sucursal del manicomio una vez más. #Champions League #FIFA