Es imposible calcular la trascendencia que hoy, en la globalización de la información, pueden tener los "líderes" de opinión. Argentina caía frente a Chile en la #Copa América Centenario, por segunda vez en solo un año, y ese no era el gran titular. La noticia espeluznante, increíble, dinamita, era la renuncia del capitán de la albiceleste, del líder tímido pero mago, del hombre que habita en Europa viviendo como argentino, del mejor del mundo (quizás entre los tres mejores de la historia del fútbol) se despedía de la selección, Messi.

Durante los más de diez años de transitar en el equipo grande, Lionel ha podido superar a leyendas como Batistuta en cuanto a goles (dejó la cifra de 56 goles en este último certamen, el último, una verdadera obra de arte) a Maradona en cuanto a finales disputadas, asistencias en todos los torneos, regates, jugadas inverosímiles, la actuación de un elegido, de los pocos genios que deslumbran con su talento.

La noticia ha relegado a otros niveles la trascendencia de importantes acontecimientos mundiales, como la salida de Inglaterra de la comunidad europea, o las posiciones de los partidos en España, los recortes argentinos, la lucha de maestros mexicanos... Messi engulle, como mismo lleva la pelota pegada (o dentro) de su pie izquierdo, como atrae a sus rivales o condensa defensas a su alrededor, hasta que lanza, justo en el tiempo, justo al espacio y la pelota se cuela en la red.

Acaso ¿será eso? que decidió salir del vestuario donde había dejado las lágrimas por la derrota más dura y profunda, con las heridas aun a flor de piel y para recomponer a la tropa, como buen líder, capitán de barba roja, atrajo con su "discurso" las miradas, gambeteó a los críticos que se relamían a escondidas y concentró, una vez más, los focos, las patadas, sobre él.

Ahora Argentina llora a su d10s. No alcanzan los reclamos, los mensajes de niños, una maestra, los veteranos campeones del 86, los compañeros de profesión, seguramente los amigos más íntimos. Pero el guerrero está en silencio, lamiendo los golpes, preparando quizás la siguiente cruzada, la próxima respuesta a los "delimitadores de las primaveras", limpiando su lámpara, para cuando toque frotarla, sencilla y ligeramente, como solo puede hacerse para engendrar las cosas más bellas.

El mundo está como cualquier partido de fútbol, loco, pasional, incrédulo, dormido a veces, trepidante otras, deprimido, exuberante, demasiado bipolar para tener cura. Quién sabe si líderes como Messi puedan llevar este gran barco a buen puerto, quién sabe. Mientras tanto el guerrero de mil batallas descansa... #Futbol #Lionel Messi