El 11 de julio de 1946 nació un hombre que llevaría el nombre de Raúl Eligio Porta Contreras, un hombre que desde joven se enamoró de la #Natación al grado de adentrarse en los secretos que esconde la naturaleza del cuerpo humano y su interacción con el agua.

Corrían los años 70 cuando el profesor Manuel Herrera entrenador en jefe del equipo de natación de la #UNAM, el viejo Herrera como lo llamaban sus más allegados, lo eligió para ser su relevo generacional. Asumió el cargo con mucha pasión, entrega, amor y dedicación.

Durante más de 44 años Raúl Porta le dedico tiempo completo al equipo de natación. Por sus manos pasaron miles de nadadores, desde personas que buscaban tener buena salud hasta los que luchaban día con día para ser destacados competidores. Durante su desarrollo en la Máxima Casa de Estudios, entrenó a atletas de distintas disciplinas: natación, triatlón, atletismo, clavados, waterpolo, nado sincronizado, deporte adaptado y nado con aletas.

Sin importarle la condición, la edad, raza, nacionalidad, preferencia sexual, orientación política, etc, el “Profe Porta” siempre tendió su mano y abrió sus brazos para brindar no sólo su conocimiento en el área deportiva sino también su compresión, apoyo y consejo para la vida diaria.

El Profe aceptó entrenarme en el año 2007. Textualmente me dijo: “yo no sé del nado con aletas, pero podemos intentarlo”. Y así fue como comenzamos un proyecto que nos trajo gratas experiencias. En el año 2010, el presidente de la FMAS ejerció un veto en mi contra. A pesar de ese veto y de la depresión por la que pasaba, no dejó de trabajar en mí, seguía entrenándome, me daba palabras de aliento, me brindaba sus abrazos y compresión, evitó que abandonara mi deporte y mi lucha, fue en el 2012 que volvimos al escenario competitivo rompiendo los récords de los 800 y 1500 m sf y con cuatro medallas de plata en el Panamericano de ese año. Después de eso otras glorias vinieron.

Durante los nueve años que trabajamos juntos, tuve problemas y retos fuera de la alberca, en todos ellos el Profe fue testigo y consejero, lejos de regañarme, siempre me contaba una anécdota para externarme su punto de vista y entregarme de una manera poética su noble consejo. 

Para mí el Profe fue mucho más que mi entrenador. Fue una persona que me mostró lo que la ética profesional es, la bondad que un ser humano puede llegar a tener, lo que de verdad es la moral, el amor por el prójimo, la educación y la forma en la que se comporta un CABALLERO, tratara con un hombre, una mujer, un niño y hasta el más patán, nunca vi que se rebajara a atacar aun cuando le llovieran las máximas provocaciones. Para mí Raúl Porta no sólo fue mi entrenador, fue mi padre, mi mentor, mi gurú, mi consuelo, bajo el pretexto de ser mi entrenador.

El 1° de septiembre de 2016 Raúl Porta dejó el plano material, con inmenso dolor me despedí de sus restos humanos, vi por última el rostro del hombre que hace apenas unos meses me gritaba “no aflojes, aguanta, ya vas a acabar”. A cualquier otro hombre lo hubiese visto en su féretro vestido de traje pero él no fue cualquier hombre, fue un PUMA, uno de los mejores, y como tal se despidió, con su uniforme de entrenador de la UNAM y con su parka como entrenador de natación. Pero no está muerto, vive en mí, en lo que me enseñó, en nuestras victorias, en sus anécdotas, en sus chascarrillos, en mi alma y vivirá en el alma de mucho más así como en la esencia de la Alberca de la Universidad Nacional Autónoma de México. Mi Maestro no está muerto porque los héroes como él nunca mueren, trascienden.

Raúl, puedes estar tranquilo y seguro de que ninguno de tus esfuerzos fue en vano, sembraste muchas semillas y mucho amor. Raúl, cuídate mucho estés donde estés, nos veremos en algunos años.