Como aficionado a la #Fórmula 1 pagué el precio de ver en directo la carrera inicial de esta temporada, que se transmitió en mi latitud a las 11 de la noche. Valió la pena; una magnífica carrera, café caliente, galletas y un gato enroscándose sobre el vientre son ideales para los aficionados a F1.

Leer los comentarios de periodistas y aficionados al día siguiente me dejó una sensación de vacío, no les restaré razón a quienes comentan la estrategia de Ferrari, que definió a su favor la carrera, no negaré que Mercedes pudo haber puesto algo de sazón en el deporte, tampoco dejo de admirar el rebase de Esteban Ocon y Nico Hulkenberg sobre un pujante Fernando Alonso.

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Desde mi punto de vista, como aficionado, siento que en esta carrera de F1 vimos nacer a una nueva estrella, que ojalá corra con mayor suerte que otras promesas que encontraron en su camino la mala suerte de jamás tener un auto competitivo. El piloto es Antonio Giovinazzi.

Confieso que cuando supe de su precipitada oportunidad pasaron por mi mente los nombres de muchos pilotos, que ansiosos de triunfo, tuvieron la misma valentía que otros compañeros de parrilla, pero con menor suerte. El nombre de Riccardo Paletti inmediatamente me empezó a resonar; aunque Paletti contaba con un auto más frágil y menos competitivo que el Sauber, pero en su tercera oportunidad de correr un Gran Premio, encontró la muerte en un dantesco accidente al arrancar la carrera de Canadá en 1982, el mismo año trágico en que falleciera otro astro de las pistas irónicamente canadiense: Gilles Villeneuve.

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Mi atención se centró de manera alterna, entre los ocupantes de las dos primeras filas y la fila número ocho, por supuesto, los camarógrafos se enfocaron en las filas delanteras. Buena arrancada, buena primera vuelta y mi atención se alejó del joven que arrancaba su auto rodeado de varios pilotos que enfrentaban el mismo problema: iniciar la carrera sin las ayudas tecnológicas, que hacían más sencillo poner en movimiento los potentes bólidos fórmula uno en la línea de salida.

Estuve viendo el desarrollo, me pareció que si el debutante joven abandonaba a mitad de carrera, ya habría cumplido dignamente con su labor, para mi beneplácito no solo estaba luchando dignamente, sino que su actuación sobresalía por no cometer errores de novato y porque otro problema esperado en la pista tardaba en llegar.

Había dado por hecho que el McLaren Honda de Fernando Alonso no soportaría media carrera, de hecho, si llegaba a la mitad de las vueltas programadas ya habría hecho más de lo que hicieron en la pretemporada, indicando con eso que los ingenieros japoneses habían vencido a los más importantes problemas del motor de ese monoplaza, levantando en mí expectativas sobre una mejor temporada, tal vez hasta cosechando puntos, cosa buena tanto para la escudería como para sus pilotos.

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Que Fernando Alonso tuviera un auto para cerrar bocas, significaba para mí buenas noticias, no soy alonsista, de hecho mi equipo favorito es Renault (que batalló y tuvo pocos momentos brillantes) pero ver que Alonso luchara, llegara a los puntos y un desafortunado problema no atribuible al motor o al piloto, lo dejara fuera, me pareció muy digno de destacar.

Al final, ganó quien ganó para sorpresa de muchos, McLaren demostró mejoría y Giovinazzi surgió mucho mejor de lo que esperaba. Difícilmente las circunstancias se repetirían, pero sé que la siguiente oportunidad que llegará a este joven piloto será por méritos propios, no por casualidad. #Automovilismo #Australia