Antes de que lo encontraran muerto en su celda del Centro Correccional Souza-Baranowski de Shirley, #Aaron Hernández, ex ala cerrada de los Patriotas de Nueva Inglaterra, platicó con su novia por teléfono. No se sabe si discutieron, pero horas después Hernández atascó la puerta con varios objetos para impedir el paso de los guardias y se colgó con una sábana. Apenas tenía 27 años, una edad en la que, sobre todo en esta época, se hacen planes y se empieza a dirigir lo que será el futuro de cada uno.

Ni los oficiales de la prisión, ni la policía estatal, ni los fiscales han querido hacer declaraciones o dar alguna información adicional que esclarezca la muerte del ex jugador de americano.

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Tampoco han querido revelar el resultado de la autopsia que se le hizo dado que, afirman, la investigación sigue en proceso.

Sin embargo, este mutismo aumenta las dudas que se tienen sobre su posible suicidio.

Si bien Aaron Hernández cumplía una cadena perpetua por el asesinato en 2013 de Odin Lloyd, apenas cinco días antes, Hernández había sido encontrado inocente de los homicidios de Daniel de Abreu y Safiro Furtado, quienes murieron en un tiroteo en 2012 en Boston. Hernández se había mostrado optimista y contento durante el juicio y hasta había dado palmadas de satisfacción a sus abogados y enviado besos a su familia.

Alex Cugno, quien fuera amigo de la infancia del ex jugador de los Patriotas, ha indicado que no cree que se haya matado, sobre todo al saberse inocente por el cargo del doble asesinato: “En nuestras mentes eso era algo positivo”, ha dicho, “no creo que se haya matado”.

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Por su parte, José Báez, abogado de Hernández, aseguró que ni en las llamadas telefónicas o en la correspondencia que tanto la familia como el equipo legal sostuvieron con el ex jugador se nota algún indicio de que esto fuera a pasar, sobre todo porque “buscaba una segunda oportunidad para probar su inocencia”.

Otro más que duda de que esto sea posible es su ex agente, Brian Murphy, quien representó a Hernández desde la firma de su primer contrato profesional con la NFL hasta el día en que se le sentenció a cadena perpetua por el homicidio de Lloyd: “Chico (como se le conocía a Aaron Hernández) no era un santo, pero mi familia y yo lo amábamos y él nunca se quitaría la vida”.

Así, la noticia del suicidio de Aaron Hernández ha caído como bomba y ha provocado suspicacias no sólo para el mundo deportivo, sino también para sus familiares, amigos y fans de quien fuera una de las grandes figuras del emparrillado en los últimos años.