Luego de alzarse con el título del torneo Clausura 2017, las #Chivas Rayadas de Guadalajara han vuelto al primer sitio de los más ganadores del futbol mexicano. Se trata de una victoria que, hasta la semana pasada, era considerada como improbable, debido, sobre todo, al paso de Tigres durante la liguilla.

A pesar de ello, el Club Deportivo Guadalajara supo plantear un juego que impidió al cuadro regiomontano desplegar sus cualidades a la ofensiva. Su triunfo desató el júbilo del público presente en el Estadio Chivas, y poco a poco, la fiesta se extendió hacia la Glorieta de la Minerva, en Guadalajara, en el Ángel de la Independencia, en la Ciudad de México, así como en diversas zonas del país.

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Para este momento es claro que el campeonato de Chivas es uno de los más celebrados. Su popularidad, a momentos cuestionada por diversas encuestas, hoy ha quedado demostrada con los hechos. Y, por otra parte, confirma que el club ha dejado atrás uno de sus momentos más oscuros. Hace dos años los aficionados celebraban -con mayor discreción, como cabe esperar- que su equipo había logrado mantenerse en primera división.

Las desatinadas decisiones del cuadro directivo de este conjunto, aunado a la inestabilidad en el banquillo del Rebaño Sagrado habían derivado en resultados paupérrimos para el club. Entonces, la emergencia llevó a comenzar una serie de inversiones que, de forma paulatina, sacaron al chiverío de la zona de descenso y lo encaminaron hacia mejores días.

Una pieza faltaba todavía en aquel momento.

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El arribo de Matías Almeyda a la dirección técnica resultó clave para despertar en los jugadores el orgullo propio y el cariño por la camiseta que defendían. Con un trabajo enfocado en objetivos a corto y mediano plazo, el estratega argentino logró lo que pocos imaginaron al momento de su presentación. Hoy es parte de la historia de la que él mismo ha confesado haberse enamorado, y su proyecto ayer vio a su alcance la mayor culminación deportiva.

El triunfo de Chivas adquiere un cariz nacionalista por la realidad actual del balompié nacional. Ante la posibilidad que el reglamento permite para la contratación de extranjeros, muchos aplauden el ejemplo de esta escuadra, cuya tradición le impide aprovechar esta situación. En esta circunstancia, el triunfo de un equipo compuesto por futbolistas mexicanos demuestra que en el deporte las nacionalidades no juegan, salvo en el imaginario colectivo.

El reflejo de este hecho, si bien meritorio, no debe ser exagerado. Claro que la victoria del Guadalajara no servirá para mejorar de inmediato la situación del jugador nacional en la Liga MX; tampoco vendrá a significar la llegada de triunfos a nivel internacional -en particular, al pensar en las selecciones nacionales-.

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Y, aún así, también es cierto que el triunfo chiva se siente, en buena medida, como un triunfo mexicano.

Los lineamientos tradicionales de este club le garantizarán siempre la identificación patriótica. En ellos seguramente se identificarán muchos futuros aficionados para continuar apoyando a este club. Y aun así hay que recordar que la visión de un hombre proveniente de Argentina fue vital para conseguir el último gran logro del Guadalajara.

Aunque es probable que el auge migratorio en el futbol mexicano fortalezca la perspectiva nacionalista de este club, su identidad no debe impedir reconocer el aporte que los extranjeros han dado al balompié nacional, tanto dentro como fuera de sus instalaciones. Hoy, por lo pronto, quedará en el recuerdo el esfuerzo de los jugadores y la felicidad de una gran afición que ha visto terminada una sequía de casi 11 años.

Sí, Chivas es México. Pero también es una muestra de que en el deporte todos tienen la oportunidad de salir, vengan de donde vengan. #ChivasCampeon #MatiasAlmeyda