Los cuartos de final de la Liga MX comienzan y tienen como uno de sus atractivos el enfrentamiento entre los equipos tapatíos del Guadalajara y el #Atlas, quienes jugarán dos ediciones más del clásico tapatío.

Las dos escuadras han realizado un buen Torneo; las #Chivas con un excelente comienzo, sumado a buenas actuaciones ante rivales importantes, incluso consiguiendo ganar la Copa MX [VIDEO], aunque venido a menos en fechas recientes, por lesiones y baja de juego del equipo; y el Atlas, aunque con un equipo más modesto, ha venido de menos a más en el Torneo, sorprendiendo a varios equipos y mejorando sustancialmente su estilo y forma de juego.

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Si sumamos ambos factores y la añeja rivalidad entre ambas instituciones, seguro se verán juegos intensos y un ambiente inmejorable para eliminar al rival de la ciudad.

Pero no sólo lo deportivo está en juego, el clásico tapatío va más allá de lo que sucede en la cancha.

Un clásico más allá de la cancha

El clásico entre estos equipos es quizá el más atractivo del fútbol mexicano, por la intensidad con la que se juega, el encono que hay entre aficiones, la historia y trascendencia de ambas instituciones, la rivalidad que representa en la ciudad el enfrentamiento, e incluso elementos sociales que influyen en el encuentro; así que sin demeritar el clásico nacional entre Chivas y América y el clásico regiomontano entre Tigres y Monterrey; el clásico de Guadalajara, tiene ingredientes que van más allá de lo deportivo, además, es el más antiguo de equipos, que aun están en activo en el fútbol mexicano.

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Más allá de los 11 títulos que tienen las Chivas, o que el Atlas sólo ha ganado un título en su historia, (hace más de 66 años), la ciudad de Guadalajara está dividida principalmente por ambas aficiones; para muchos es una forma o estilo de vida el apoyar al equipo de sus amores, algo que se respeta y que incluso llega a significar algo sagrado.

Por muchos años, el ser seguidor de uno u otro equipo llegó a significar el estatus social al que pertenecías, si eras del Atlas, acaudalado, si eras de Chivas, clase obrera, pobre; situación que aunque sólo pertenece al estereotipo, no deja de ser un estigma social que ha perseguido a las aficiones.

En la cancha se gana el triunfo, el pase a la siguiente ronda, una estadística más; pero fuera de ella, se gana el derecho a burlarse del rival, el orgullo de pertenencia de los que se celebrarán dueños de la ciudad hasta que otro clásico se juegue.

Esa pasión que bien entendida y ejercida de manera responsable, le pone mucho sabor a los clásicos, deportiva y socialmente; es la misma pasión que por desgracia, cuando es desbordada y en manos de aquellos que no saben controlar sus emociones y acciones se torna en actos violentos, vandálicos y ajenos a lo que significa una fiesta para la ciudad.

Por eso el clásico tapatío es más que un simple juego de fútbol, es la mezcla de pasiones, afición y un sentido de pertenencia a la ciudad que vio nacer a ambos equipos. #ClásicoTapatío