El petróleo es una de las energías que mayor efecto geopolítico tienen. Por un lado existen países en los que la abundancia de esta fuente de energía es enorme, hasta el punto de generar una economía alrededor de ella, mientras en otros la escasez genera una dependencia de terceros países que lleva a que el control político de determinados territorios sobre otros genere efectos adversos en la economía en general. Toda apuesta industrial en países en lo que las reservas de petróleo sean escasas tiene continuamente sobre su cabeza la Espada de Damocles que representa la posibilidad de que el flujo de energía se pare repentinamente si en los países productores se decide que no suministrarán a determinado país porque ahora no les interesa a ellos desde un punto de vista político. Hace no mucho veíamos el caso de que, por un problema con algunos países fronterizos con Rusia, toda Europa dejaba de recibir energía procedente de este país, con el consiguiente pánico que corrió por los mercados hasta que Europa tranquilizó al mundo al explicar que no faltaría suministro.

Uno de los puntos en los que ahora mismo es más dependiente Europa respecto al petróleo es en su parque automovilístico, que actualmente tiene una aplastante mayoría de vehículos que funcionan con algún tipo de derivado del petróleo. Algunos han querido obviar este hecho dirigiendo sus pasos hacia los combustibles procedentes de los cultivos, sin embargo estos no cubrirían, ni mucho menos, las necesidades de los automóviles a la vez que siguen suministrando alimentos a una población que continúa creciendo a ritmos cada vez más acelerados.

Esto nos lleva a pensar en la energía eléctrica. Es una energía que es fácil generar con superávit y sería un modo de sacar parte del consumo energético estatal de la columna de los combustibles fósiles. Si todos los vehículos a motor hicieran uso de este tipo de energía evitaríamos que fueran parte del consumo de petróleo en los momentos de valle de la producción. Además el negocio oligopolístico desaparecería en uno de los mercados más peligrosos para este tipo de situaciones, ya que no hay que olvidar que el consumidor de gasolina es un consumidor cautivo, ha de consumir gasolina si quiere hacer uso de su coche, lo que en muchas ocasiones no es optativo si quiere conservar su puesto de trabajo.

Reino Unido ha decidido que esta apuesta merece la pena y, para ayudar a que el coche eléctrico funcione, está promoviendo la creación de una red de puntos de suministro rápido a lo largo de todo el territorio. Esta iniciativa recuerda mucho a la de Estados Unidos, donde además de una cobertura muy poderosa y amplia, a pesar de ser una extensión de territorio infinitamente superior, la inmensa mayoría de estos puntos de suministro son gratuitos, lo que además redunda en un claro ahorro de dinero para los posibles usuarios.

Es posible que en otros países se siga este mismo ejemplo y la posibilidad de que el coche eléctrico triunfe de verdad en el resto del continente sea una realidad. Hasta entonces seguirán viviendo en ciudades con malos humos.