La población de Rusia empieza a pagar las consecuencias de la política exterior de su país. No escasean los alimentos como en la época comunista claro está, pero si que es cierto que se ve menos variedad de productos y los existentes son un poco más caros.

Destaca la subida del trigo sarraceno, que con frecuencia se toma en los hogares rusos a la hora del desayuno o como guarnición de acompañamiento a infinidad de comidas. Se está notando también en la fruta, donde las uvas que antes provenían de Italia o España ahora han vuelto a venir de Uzbekistan. Los melones o cítricos se pueden ver en algunos supermercados sin etiqueta de origen y han desaparecido las naranjas españolas o las manzanas que antes provenían de Polonia.

Algunas franquicias occidentales han tenido que cerrar, aunque todavía muchas se resisten, esperando que toda esta tormenta pase y se vuelva a la Rusia consumista de los últimos años. Además de la política internacional conflictiva y la bajada del crudo, desde pocos meses antes a sucederse el conflicto ucraniano, los datos económicos de Rusia empezaron a estancarse en su crecimiento, pero la situación actual ha terminado por agudizar los efectos.

Las consecuencias de este año de medidas contra Rusia en lo económico se han juntado con los gastos militares, así como la asimilación del territorio de Crimea que se anexionó al país. Veremos como sobrelleva este periodo un país que este año según el Ministerio de Desarrollo Económico expresó un aumento del sueldo real de los rusos de un 1,3% y que tiene como previsiones para el 2015 una disminución de casi el 3,9%.

Malos tiempos pues, para un país que ha pasado unos años de crecimiento brutal en lo económico (aunque no muy repartido) y que ve ahora, como la lucha por la geopolítica, sumada a sanciones y a la bajada del crudo, que la esperanza del crecimiento real y equilibrado para todo el país tendrá que esperar. En la cruzada de Putin por mantener el poder de Rusia las consecuencias principales las vuelve a pagar el mismo de siempre, el pueblo.