En nuestro mundo hemos desarrollado una comunicación que convive del lugar común. Usamos el #Arte cual pieza en la estrategia para saciar la necesidad social de la cultura. Sin embargo, mas allá de su uso mercantil, no es fácil razonar acerca de lo que vale una buena obra y por ende la puja que deriva de ella.

Hoy en la sobre mesa, no es convencional hablar de pintura, ni gozando de la mejor tecnología para ponerla delante de nosotros. Cierto, algunas mentes podrían pasar horas deleitándose con la pinacoteca del mundo, pero admitamos que por lo general, hablamos de obras que no conocemos de primera mano.

El valor del arte como hemos observado, conlleva su producción, distribución y venta. Recurrimos ahora a López Morton quien tiene su casa en las Lomas, para constatar una puesta en escena donde pasamos a la praxis testimoniando no sólo la venta sino un hambre que en un par de horas devora 250 lotes.

Como este ejercicio no se ven dos en México, mas el crecimiento económico va materializando un ambicioso proyecto para Monterrey; y simultáneamente existen filiales en la ciudad. López Morton es punta de lanza, se podría decir que sus prácticas describen un paradigma antropológico.

No hubo escándalos, se vendió buena parte de su catálogo en un ciclo donde se anuncian otras subastas de antigüedades, relojes, motos y ¡autobuses! Sentimos fuera de serie que se valuara una fotografía taurina en 280 mil pesos, mas nadie pujó por ella.

Imaginamos que el artista no estará muy alegre de venderse 2 veces mas caro si esta muerto, pero también estaría entretenido viendo como hay clientes que crean una gran venta hasta con un dibujo.

Un joven podría haberse hecho con 100 mil pesos de una colección muy significativa. Por 10 mil habría llevado un Andy Warhol, por otros 15 un Salvador Dalí. Hace falta leer la descripción para entender la letra chica, pero en el mismo día habría salido con un Jeff Koons, un Phil Kelly... y aunque en miniatura... con un Rufino Tamayo.

Tres coordinadores dieron la pauta intensa al compás de varios teléfonos y ahora también participan vivamente anónimos compradores en línea. No hay tedio porque en las sillas se encuentra el 50% del capital y se supone que muchos de estos son clientes frecuentes cuyo objetivo es muy preciso.

Parte de la valuación consiste en saber de quién fue antes la obra o cómo llegó a manos de quien la vende y comparte con la casa las ganancias menos el 20% de comisión. A parte el fisco recauda otro tanto en una transacción que acepta el crédito, el dinero en efectivo, antes y después del drama.

Se aplaudió un Siqueiros cuya puja hizo suspirar a muchos porque se trataba de una obra con tendencia al garabato. Una estatuilla de Jose Luis Cuevas causó furor y levantó 50 mil pesos o más.

El precio mínimo era de cinco mil y se retiraron buenas obras como una de Joy Lavile. Tampoco se peleó por unos Nishisawas. Friedberg vendió una estatuilla, se presentaron trabajos de chicos nacidos en los 80 y uno del 90 que personalmente no nos dio la impresión de acreditar esta selección.

Hubo Olga Costa, Chávez Morado, O´Gorman, Laam, Andriacci y grabados fantásticos de Parra y Segio Hernández, pero no se vendieron todos.Hubo Serigrafías de Salvador Dalí, aunque no se vendieron los Vientos huracanados. 

Nos damos por satisfechos si nos ubicamos en el retrato de Marilyn Monroe, el de Mao y la sopa Campbells. #Museos