La escena es común, ver en supermercados y tiendas de conveniencia en México productos lácteos, principalmente quesos, cuyas etiquetas denotan que fueron hechos en otros países o que fueron elaborados con leche traída del extranjero, mientras que productores mexicanos no hallan cómo colocar su producto entre las grandes empresas y hasta la tiran en la vía pública o en el alcantarillado a manera de protesta.

El factor económico es el principal por el que muchas empresas de lácteos prefieren traer sus productos o materias primas del extranjero, aún si son de países lejanos y lo que conlleva transportar desde allá dichas mercancías hasta las fábricas nacionales, donde se hace el proceso final del alimento y de ahí es llevado a los anaqueles de las grandes cadenas de supermercados y tiendas de autoservicio.

En tanto, en la zona de Los Altos de Jalisco, una de las más importantes cuencas lecheras del país, después de La Laguna en Coahuila y Durango, los que se dedican a la crianza de vacas lecheras, sobre todo los que apenas tienen unos cuantos ejemplares, todos los días enfrentan un calvario por saber si podrán vender su producto a un precio competitivo, malbaratado o de plano tirarlo o regalarlo.

Jalisco, pese a tener mucha leche, tiene poca infraestructura para industrializarla; las grandes empresas como Sigma Alimentos o Nestlé compran a pequeños productores, pero al precio del mercado nacional, que es fijado de manera involuntaria por el gobierno federal a través de Liconsa.

Liconsa también es un gran comprador de leche, pero paga precios muy bajos que rondan los 3 o 4 pesos por litro, cuando en los anaqueles un bote de leche ya procesada ronda los 11 pesos.

Es así que las grandes cadenas nacionales y transnacionales de lácteos ofrecen a productores lo mismo que les da Liconsa y los ganaderos no tienen para dónde hacerse, es eso o desperdiciar el producto de su trabajo y no llevar el sustento diario a sus casas.

A principios de 2016 la crisis lechera en Jalisco se agravó al anunciar Liconsa una reducción en sus compras a los productores y ante ese panorama los ganaderos deben seguir tocando puertas con las grandes empresas o recurrir a intermediarios, llamados también "coyotes", para que estos coloquen el producto en la ridícula cantidad de 2 o 1.50 pesos por litro.

¿Por qué tan bajo? Los "coyotes" argumentan que hay mucha oferta de leche y es difícil colocarla entre las industrializadoras, además, algo tienen que ganar ellos por su labor de intermediarios.

Y eso es porque la leche fresca, recién ordeñada, aguanta muy pocas horas en ese estado si no es enfriada o deshidratada y las grandes empresas juegan con ese factor en contra de los productores.

La solución es instalar más enfriadoras de leche regionales y plantas deshidratadoras de leche. La leche deshidratada, según funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Rural de Jalisco, tiene las mismas propiedades que la fresca, con la ventaja de que dura mucho tiempo en bodega en perfectas condiciones.

Es por eso que vienen muchos productos lácteos de países como Australia o Nueva Zelanda, con granjas altamente tecnificadas, grandes extensiones de pastizales verdes todo el año, clima benigno y plantas deshidratadoras por doquier, ventajas contra las que no pueden competir los lecheros jaliscienses.

Es por eso que a pesar de tener que traerla desde miles de kilómetros, a las empresas lácteas les sale más barato importar leche en polvo de Nueva Zelanda o Australia que comprarla fresca a los productores de Jalisco, quienes si al menos tuvieran la capacidad de deshidratar y almacenar sus productos, podrían competir un poco más contra el lácteo extranjero.

El gobierno federal ha prometido más plantas secadoras de leche en la región, pero no hay ninguna fecha para que esto suceda. #Crónica Jalisco #Política Jalisco