En estos tiempos, son muchas las dudas que nos asaltan acerca de la administración del Siglo XXI. No especulamos con los valores culturales que recomendamos a los cuatro vientos en el empeño de curtir una identidad contemporánea, mas ello nos hace testigos de distintos sectores donde no se aventaja.

Ante los aumentos de los combustibles fósiles y en conjunto la exploración, refinación y distribución comercial de gasolinas, aceites y productos derivados incluyendo el gas, nos entristece no ver progresos en la re ingeniería de transición amigable que exige el medio ambiente.

#Baja California Sur actualmente es tierra aparte.

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Muy parecida al resto del continente, pero cimbrada en un negocio posible a razón del turismo. El Estado simplemente procura una vida tranquila aprovechando el clima tropical que atrae a muchos residentes exiliados de terribles inviernos.

El estilo de vida se orienta en buena medida al mar. Además del comercio a gran escala, hay un auge por las embarcaciones medianas e incluso de recreo. Se acostumbra salir al amplio Océano Pacífico para sacar la pesca con diversos foráneos que desembarcan de los cruceros mas sensacionales jamás construidos.

Investigando no dimos con marcas mexicanas que lleven a recorrer nuestros maravillosos puertos y playas en las bahías que corren desde Baja hasta Huatulco. Aparentemente es válido subirse a los buques internacionales, considerando arreglos diplomáticos, pues se requiere visa en muchos países.

No vimos este fenómeno tan desarrollado tampoco en Quintana Roo, si bien el Caribe ofrece incluso mejores condiciones geográficas para manejar recorridos que en días podrían abarcar Cuba y Florida. Por ejemplo, para cruzar de regreso desde la Paz sólo hay de dos sopas. En cuanto a yates u hoteles flotantes que circulen el mar de Cortez, tampoco hay algo muy armado.

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Uno va a Sinaloa, a #Mazatlan, en un navío que no es precisamente el crucero del amor.

Se convive de una cultura que habitúa subir en coche o camioneta cualquier auto motor y luego habitar un camarote. Hay todo un escalafón de costos al respecto. Para quien no se interesa de una pequeña suite que por 900 pesos no conlleva ventana, no se prohibe llevar una almohada y pernoctar en el piso.

Baja Ferry te pone por 900 el pasaje, la cena y la opción también a un bar donde se reúnen los turistas en sana convivencia. Durante largo rato hay música en vivo y se propone que el turismo suba a cantar pistas hasta el amanecer evitando el tedioso suspenso de la madrugada.

Hay una cubierta donde se sale a fumar y nada impide recostarse en el piso a ver cuantas constelaciones conocemos. En el horizonte se ve de lejos el paso de la sierra madre y de cuando en cuando los destellos de las poblaciones electrificadas. Durante el día una embarcación así podría hacer recorridos por estos lares descubriendo el perímetro de Sinaloa. Al amanecer con una bruma y el mar en calma llegamos a Mazatlán.

Tanto el puerto de embarque, parte de una serie de exóticas playas entre las rocas de La paz, como en la propia Perla del Pacífico, no se da recibimiento al turismo tradicional.

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Todo esta dispuesto en cambio para que los coches transiten hacia la famosa y extendida bahía.

En el camino contamos muchas tribus de jóvenes no necesariamente mexicanos. Es una experiencia mágica la confluencia de destinos y conversamos con quien insiste en una tendencia para veinteañeros de salir a la aventura con una casa de campaña y descubrir su responsabilidad con el planeta. #turismo cultural