Tras diez años de no saber nada de ellos, el jueves pasado me acerqué al IMCINE. Este instituto ocupa un edificio entero y su sede estuvo emplazada primero en la Roma Sur. Fue apenas en 1983 cuando papá Gobierno se vio obligado a institucionalizar la protección del séptimo arte ante la imposibilidad de hacer frente a la competencia cinematográfica.

Miles de mexicanos soñamos con hacer nuestros cuentos en film para entretener a las masas y de cierto sólo se procuran unas pocas aspiraciones de las cuales escasas se ponen al alcance de un espectador. El buró en su labor discrimina aquellos donde sus avanzados expertos les indican qué conviene al teórico propósito de preservar la calidad. En el edificio sobre la Avenida de los Insurgentes me recibieron para confirmar algunas dudas acerca de la distribución del cine mexicano. Ellos no cuentan con películas como tal, ni siquiera como recuerdo en DVD. Antes tenían una tienda y siempre se siente estricta observación del Estado desde la recepción.

No nos entrevistamos con la persona a quien fuimos a visitar. El señor Valle tenía otro compromiso. Nuestra solicitud la atendió Alejandro Hacha, sujeto que declaró ser pariente del famoso autor en teoría del arte. Confirmamos con este agente lo obvio y nos quedó lamentarnos por catástrofes que testimoniamos paralelamente sin poder remediar. Después de los años 60, México perdió su propia hegemonía cinematográfica. Cuando se perdieron las salas de cine en los noventa, las leyes del negocio anularon la posibilidad de la Industria Nacional. Nosotros no innovamos, se nos premia cuando ventilamos lo patético. Disculparán si resulta imposible obligarnos sólo al gusto por lo aburrido y la horripilante simulación.

El gran negocio como sea es para los Estados Unidos. Será interesante confirmar qué tanto funciona proporcionalmente esta mano secreta ante una industria cuyo haber facilita a sus socios una participación muy lucrativa; seguramente poco recaudamos del cine si sólo triunfa 1 de cada 10 películas. En #IMCINE conviví de un ideario bien diseñado para que en contadas salas de CDMX pasen las excelentes producciones del catálogo mexicano. Ellos soportan gran parte del peso existencial por el fracaso de la cultura mexicana con sus decepciones astronómicas.

Dudamos: ¿por qué el Estado no hizo las refinerías? ¿Por qué no se invirtió en una red de distribución estatal? Ahora en el declive de la caja boba, la electrónica nos ofrece estar al día con los dispositivos portátiles y no, no se ha estructurado tampoco un catálogo estilo YouTube que difunda los contenidos cofinanciados.

Desde hace décadas, la ley obliga a que se subsidie la industria. Muchas pelis fracasan, no llegan a ninguna pantalla y aunque pocas se encuentran en Filminlatino, ello no explica por qué es tan difícil acceder a estos materiales. El agente de la sala de prensa paciente siente empatía. Nos hace entrega del catálogo en físico para darnos una idea de lo nuestro. Se complica dar ese giro hacia lo hecho en México. El tema es complejo, empieza en tu barrio con el acto de ir al cine. Escoger la película de tu gusto, el tipo de sala, el nivel de confort y fidelidad todo como parte de la sociología en el flujo de las masas.

Investiguemos cómo se antepone México al voraz entretenimiento hecho en la otra América. Cobremos un extra por las películas del Mago de Oz. Celebramos así las políticas proteccionistas de un programa del IMCINE que llevará el cine MX a la interior de la República. #cine mexicano #Cultura Ciudad de México