Cuando vas lejos del centro, los hilos conductores del Siglo XXI se van deslavando. Sonora al norte occidente del mapa provoca que pierdas la dimensión del tamaño de la geografía desértica de nuestro país. Sientes el golpe del sol en la cara y vamos para 2018 sin que se yergan ahí plantas de energía solar.

Es improbable afortunadamente que crezca la demografía mientras no sobre el agua potable, y de todos modos, aunque su población se doblase quedaría mucho territorio disponible para las utópicas generaciones del Siglo XXII.

La explotación de la energía en las mareas que lleva el Mar de Cortez tampoco le ha ganado terreno al paisaje. Necesitaríamos contar con estrategias muy hábiles que se conectaran y abrieran cancha en el futuro para este sector.

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Por lo demás, está denso el desierto y en la noche está helado; aún y con el carnaval.

En unas horas, tras descender a Ciudad Obregón y Navojoa, dejamos atrás la frontera de Nogales y las villas de Cananea y Hermosillo. Toda esa región podría ser punta de lanza en la revelación de una economía cuyas necesidades de consumo energético ya no provengan sólo de los petróleos mexicanos.

En el paisaje que remata con la Sierra Madre de pronto sucede un milagro. Pasamos de la tierra árida y pedregosa, plagada de cosas que pican, a una planicie completamente aprovechada para el cultivo humano. La tierra negra, comienza a sentirse otro ánimo en un camino cortado por ríos de riego.

Llegamos a #Los Mochis sabiendo que sería muy difícil encontrar el arte conceptual; sin embargo admiramos un escenario donde los recursos naturales se han respetado en el contexto de una ciudad ordenada para atender las necesidades del comercio.

Esta ciudad sinaloense se concibe en calles anchas y recientemente ha alternado con arquitectos para transformar el edificio azucarero en el Teatro Ingenio. El sol revienta con su fuerza el paso vehicular fluido.

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A corta distancia hay un museo del INAH y el Trapiche, un museo dedicado a los niños de vanguardia.

Alrededor de la ciudad sinaloense, bordeando los ensanches del Siglo XX, lucen nuevos edificios y hoteles que imponen un gusto contemporáneo. Como en Sonora, hay un fervor por la virgen de Guadalupe y ello ha permitido la edificación de templos modernos para venerar a Jesús.

No hay en esta latitud altares Barrocos, ni pinturas sacras a la vista. En cambio en distintos nichos se montan figuras o estatuas que representan algún santo aparte de la tradicional decoración del Vía Crucis que nos recuerda cada año la Crucifixión Cristo y se ha copiado en todas las iglesias.

Siendo un clima benigno matizado con los árboles y jardines que se preservan, el ambiente en Mochis es tranquilo y se notan numerosas familias con niños. Hay una fuerte dosis de restaurantes chinos, pero en general esa es la única reminiscencia que tienen de identidad transcontinental quienes viven ahí.

En esta ciudad muy cerca de Topolobambo y otros puntos marinos notables como Mazatlán, hay cines y centros comerciales, mas no ha llegado al punto de que transforme por completo la sociedad a la era del teléfono celular y las redes sociales. No hay tantas distracciones; hay un kiosko y el ajetreo de las aves cuando llega el ocaso.

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Todo el camino esta nutrido de OXXO y se vende la gasolina a título de Pemex todavía; aunque es cierto que para quienes viven en la frontera, les conviene más cruzar para llenar el tanque. Hay una línea de autobuses que se comparte con Sonora y ellos llevan casi en exclusiva por esas carreteras. #turismo cultural #crónica de Sinaloa