Recientemente en #México el término “Godínez” se ha puesto en moda. Esto ha causado un tipo específico de subcultura, que es utilizada para referirse a los oficinistas que tienen una jornada laboral completa, que parte de ocho horas diarias y en algunos casos se extiende. Cabe mencionar que este término la mayoría de las veces se ajusta en un lenguaje de una manera peyorativa, ya que involucra un bajo salario y con actividades pocos creativas, entre otras cosas que sirven de burla y mofa. Un claro ejemplo son la infinidad de memes que se pueden encontrar en cualquier tipo de red social.

Por ello no podemos dejar de tomar en cuenta la economía mexicana, por obvias razones que involucran a los Godínez con la economía y con el #Trabajo, ya que estos hasta cierto punto son algo así como una amalgama; si volteamos un poco hacia la historia del llamado “Milagro mexicano “que contemplaba la industrialización y la modernización, de esta última hasta la fecha somos parte, aunque los años hayan pasado; aunque todo cambie hay ciertos criterios que aún persisten.

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Trabajo y Godinismo

Hace poco estaba desesperada por encontrar un trabajo que se acercara a lo que había estudiado, como no tenía mucha experiencia, decidí aceptar un trabajo con un sueldo bajo, al fin pensaba que me serviría curricularmente; así que firmé un contrato con la mano un poco temblorosa, en esas pequeñas hojas blancas llena de letras diminutas, entre que las observaba y veía el entorno oficinista y la chica de recursos humanos con una sonrisa esperaba que lo leyera lo más rápido posible y lo firmará. ¿Qué creen? Lo firme y salí casi corriendo.

Al día siguiente me presentaron a mis jefas, una era más accesible que otra, decidí ser responsable, hacer mi trabajo lo mejor posible y sacar todos los pendientes. El hecho de que fuera eficiente trajo que cada día me llevaran más y más trabajo, ya no podía salir a mi hora, no querían que saliera a comer, traté de aguantar la situación, pero me exigían horas extras todos los días, sin goce de pago.

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Cuando les argumenté bajo los artículos 66 ,67 y 68 de la Ley Federal de Trabajadores, de la boca de mi jefa salió un “así no me sirves, pasa a recursos humanos por tu renuncia”.

Cuando salí de esa oficina comprendí más a Marx, a los sindicatos y a sus luchas, las huelgas y los paros. Supe que no se puede ser una godina marxista y por fin me atreví aventar el gafete, los tupperware y también mi destino. #Empleo