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Los sindicatos son agrupaciones de trabajadores, constituidas “para el estudio, mejoramiento y defensa de sus respectivos intereses”, según el Art. 356 de la Ley Federal del #Trabajo. Esto significa que todo sindicato tiene por función un proceso de análisis de las condiciones laborales, salariales y de seguridad social de sus afiliados.

Para ello puede recurrir a la huelga como mecanismo de presión al patrón para satisfacer los #Derechos de los trabajadores, y en tal caso “La huelga deberá tener por objeto: equilibrar los factores la producción, reparar violaciones al contrato colectivo de trabajo, obtener la firma de dicho convenio o exigir los derechos laborales en general.

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Excepcionalmente, también puede tener por objeto apoyar otra huelga, pero esto no es usual en México. A pesar de que se ha intentado varias veces el "paro cívico nacional" o se ha amagado con "huelga general" ello nunca ha sido una realidad.

Capital y Trabajo

Y es nítida la idea contenida en tales disposiciones; se trata de un instrumento de los denominados “factores de la producción” e identificados como “capital y trabajo”, que no son otros que los patrones y trabajadores. Sin embargo, capital y trabajo no siempre están presentes en la relación laboral y, por ello existe una regulación específica tratándose de universidades públicas, en las cuales todos son trabajadores, aunque de diferentes categorías, funciones y niveles salariales. En ellas, el ingreso llega de las arcas gubernamentales y se distribuye según las normas generales y particulares expedidas para ello; no hay producción de mercancías ni, por tanto, generación de plusvalía, que es la razón de existir de toda empresa y sus relaciones laborales.

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Resulta que todos, desde el Rector hasta el más modesto de los trabajadores universitarios, tienen como patrón a una persona moral denominada Poder Ejecutivo de Los Estados Unidos Mexicanos, que es quien administra los recursos del Pueblo de México y, en tal función, es el obligado a entregar el subsidio a las universidades públicas, federales o estatales. Por lo mismo, no se contempla el derecho a la participación de los trabajadores en las utilidades, ni rinden declaraciones fiscales, ni pagan impuesto sobre la renta.

Por todo ello, las huelgas en las universidades públicas son atípicas, no se debe equiparar a los estudiantes con mercancías, o con clientes de una empresa prestadora de servicios, que sería la universidad, pero como ya mencioné, no hay tal, pues no se obtiene utilidad ni plusvalía por el servicio prestado. Además, enfocan su lucha en contra del Rector, que es un empleado igual que los sindicalizados, excepto por sus funciones, consideradas de confianza por el artículo 9 de la citada Ley, imposibilitado por este carácter para satisfacer las exigencias sindicales; pues si lo hiciere, resultaría afectado el presupuesto que deben destinar a la enseñanza e investigación, con lo cual perderían su esencia y los sindicatos, su fuente de trabajo.

Esto confirma lo equivocados que están quienes dirigen los sindicatos y prueban, sin lugar a dudas, que la lucha universitaria debe ser por incremento del subsidio que reciben del Gobierno y, obviamente exigirle a él, Gobierno, el mejoramiento de las condiciones laborales y académicas de todos, bajo un plan de lucha de todos, previamente analizado en conjunto y encabezados por sus representantes legales, el Rector y el Consejo Universitario.

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Si no entienden esto, el perjuicio no será para patrón alguno sino para los estudiantes que sufren la reducción de clases y programas académicos, y estudian apresuradamente la parte que sí se logre cubrir. #Educación