Hubo un momento en el que los rostros de los científicos responsables de la misión Rosetta expresaron una gran preocupación, antes de dar a conocer llenos de entusiasmo el aterrizaje exitoso de la sonda Philae en el cometa 67/P Churyumov-Gerasimenko. A final de cuentas, fue una verdadera hazaña para la astronáutica, algo nunca antes logrado en la historia de la exploración espacial.

Pero el desafío de colocar una nave humana en un cometa no estuvo exento de graves dificultades, algunas de las cuales apenas se han hecho públicas a los medios. Philae alcanzó finalmente la roca en donde iba a descender, luego de un descenso vertiginoso de más de siete horas, tras ser expulsada de la nave Rosetta.

Sin embargo, el aterrizaje no fue tan exacto como se anticipaba. Fallas en dos de sus mecanismos de anclaje, el motor de impulso y sus dos arpones- los cuales no se activaron como se esperaba-, ocasionaron que la sonda rebotara un par de veces tras haberse posicionado por vez primera en la superficie de 67/P Churyumov-Gerasimenko.

De hecho, según los especialistas de la Agencia Espacial Europea (ESA), Philae pudo haberse desviado un kilómetro del sitio elegido en un inicio para aterrizar, hasta lograrlo finalmente en una zona del cometa que aún están determinando los astrónomos. Además, el módulo solo está sujeto al suelo del cometa con los tornillos de dos de sus patas, en tanto que la tercera pata permanece en el espacio.

Como quiera que sea, Philae consiguió aterrizar con enorme precisión en Agilkia, la zona del cometa seleccionada previamente por sus condiciones naturales, y por contar con características que disminuían al máximo los riesgos de la misión, aunque al final la sonda no quedó allí. El módulo rebotó un par de veces, por la falta de gravedad, ya que 67/P Churyumov-Gerasimenko es cien mil veces más pequeño que la Tierra.

Uno de los saltos tuvo una duración de casi dos horas, lapso durante el cual el aterrizador se movilizó a unos 38 centímetros por segundo. El segundo salto tuvo una duración bastante menor, de 7 minutos y durante ese tiempo el aterrizador se desplazó a 3 centímetros por segundo.

Un detalle importante y no muy satisfactorio es que, los científicos de la ESA, tenían planeado que la nave Philae captara siete horas de luz solar. Sin embargo, en el nuevo sitio donde se ubica, solo puede recibir una hora y media de luz, una variación considerable. Modificar la posición de la sonda significaría tener más iluminación y con ello más energía, algo necesario para que Philae consiga efectuar sus tareas científicas.