El conductismo, también llamado terapia de conducta, se inició con los estudios del investigador ruso Ivan Pavolov y el estadounidense B.F. Skinner a principios del siglo XX.

Ambos trataban de determinar cómo aprenden los animales y cómo gestionan sus emociones.

Estos investigadores descubrieron que los animales desarrollan fobias e incluso se deprimen a causa de unos aprendizajes básicos hechos por asociación de estímulos. Así, unas ratas de laboratorio sometidas a un entorno en el que no pueden predecir el castigo o la recompensa se deprimen de forma muy parecida a como lo hacen las personas.

Estas asociaciones siguen unas leyes que, una vez dominadas, nos pueden ayudar a desaprender miedos o fobias irracionales y combatir depresiones. La idea es que todo lo que se aprende se puede corregir mediante un nuevo aprendizaje más óptimo.

Reaprender a reaccionar

En el caso de las fobias, una persona puede haber desarrollado un miedo a causa de una experiencia traumática puntual.

Por ejemplo, podemos tener pavor a los perros porque, de niños, presenciamos el ataque de un perro agresivo. Para liberarnos de esa fuerte asociación "perro/peligro inminente", los conductistas proponen la terapia de asociación, que consiste en ir acercándonos paulatinamente al objeto temido para reaprender otra asociación, esta vez: "perro/peligro no inminente".

Este nuevo aprendizaje se realiza tan lentamente como sea necesario. De buen inicio, la terapeuta sólo mostrará fotografías de perros afables, de manera que vayamos sintiéndonos cada vez más seguros ante el estímulo visual del animal. El objetivo final –al cabo de diez a quince sesiones- es que nuestra mente sea más flexible, que no reaccione tan impulsivamente ante el objeto temido y podamos escoger la forma de actuar.

De hecho las terapias conductistas tienen mucho éxito en el tratamiento de todo tipo de fobias y ansiedades agudas.

La terapia de conducta concibe al hombre como un ser activo que piensa, siente y se comporta en un entorno determinado y que aprende en la interacción constante con ese entorno. El objetivo de la terapia es identificar las conductas que han sido aprendidas y que crean una seria de interferencias en la vida del individuo para desprenderse de aquello que ya no aporta bienestar. El último paso es enseñar nuevas pautas de acción para poder conseguir superar los problemas cotidianos.

Las terapias conductuales también ofrecen programas de aprendizaje de habilidades sociales para niños y adolescentes a los que les cuesta comunicarse, que reaccionan mal ante situaciones estresantes o con problemas de control de impulsos. #Salud #Psicología