En el diario El Heraldo de Chihuahua, en México, hay una historia muy conocida en la que Francisco, un hombre de unos 86 años, narra la historia de una perrita recién nacida que fue abandonada en una alcantarilla. Como todos los días, él iba con su bicicleta hacia su trabajo y, de pronto, escuchó que un animal lloraba, eso lo distrajo y se acercó hasta el lugar donde venía el sonido del llanto.

Allí descubrió a una perrita abandonada a su suerte, con pequeños rasguños en su hocico y en la espalda. Alguien la había colocado allí para que se muriera. Dándole mucha pena y pensando quién habría sido el desalmado que dejó allí a la perrita, la cargó en la bicicleta con él, la envolvió en la bufanda que él llevaba en el cuello para que no tuviera frío, y la metió en la mochila. Francisco volvió a la casa y avisó en su trabajo que no asistiría con la excusa de que no se sentía bien de salud.

Continúa diciendo que vio de pronto que la perrita comenzó a temblar de tal modo que se asustó y rápidamente se fue a la veterinaria más cercana para que la revisaran. El médico veterinario, al revisarla le dijo que estaba teniendo una hipotermia y se estaba provocando un amague de infarto, enseguida el médico actuó para salvar a aquella perrita y, después de una semana de estar internada, comenzó a recobrar las fuerzas, pues ya se alimentaba con una mamila especial. Fue entonces, que Francisco decidió bautizarla como Milagros, porque era un milagro que haya sobrevivido al frío, sin comida y en una alcantarilla fácilmente por un día, pues se le notaba muy pequeña.

Milagros, se recuperó bien, creció fuerte y sana. Siempre acompañaba a su dueño al trabajo, iban y volvían juntos. Pero un día, Milagros estaba en el umbral de la puerta de su casa, cuando de pronto vio a un pequeño niño de dos años gateando directo a un coche que venía a toda marcha, y fue cuando Milagros actuó rápidamente para sacarlo de allí con la boca, mientras la madre del niño gritó y se puso llorar de desesperación pensando que su pequeño iba a morir. La madre del niño, entre el llanto y la desesperación que había pasado, se acercó al animal para agradecerle el haber salvado a su niño. Y Francisco se sentía orgulloso de Milagros primero porque fue salvada de morir y, segundo, porque ha salvado a un bebé de morir atropellado. Hoy Milagros está en el cielo, su historia, salió en todos los diarios del país como ejemplo de su hazaña. #Animales