Desde el hombre de Neanderthal hasta hoy la existencia de vida después de la muerte ha estado siempre presente en todas las culturas, aunque aún resulte imposible de probar.

Seguramente, muchos de nosotros hemos tenido la ocasión de acompañar a algún moribundo en su lecho de muerte. "Visiones" que, en apariencia, tienen los que están próximos a partir. Dicen ver parientes y amigos ya muertos, figuras religiosas y, lo más significativo y coincidente, la percepción de una luz intensa y brillante aunque, la mayoría de las veces, estas visiones son consideradas como alucinaciones. Particularmente, tengo mis dudas respecto a estas últimas. Pero no estaría de más reflexionar sobre ello con más profundidad.

Básicamente, el mundo de la ciencia y, la sociedad en general, opina de la muerte que es una experiencia cruel y en teoría innecesaria; a no ser que se tenga en cuenta la superpoblación o los condicionantes ecológicos.

La medicina tradicional nos dice que, en tal momento crítico, el corazón se para y, por tanto, deja de suministrar sangre al cerebro. Éste, entonces, comienza a decaer aproximadamente en un cuarto de hora. En este punto, afirman los médicos, la personalidad del paciente desaparece. El individuo deja de existir.

Este desesperanzador concepto ha sido inculcado a médicos y enfermeras en las facultades de Medicina. Precisamente en aquellos que deberían estar más preparados para ayudarnos en el inevitable trance de la muerte.

Como en todas las cosas, es magnífico que exista la duda. Y así fue como los doctores Karlis Osis, parapsicólogo, doctorado en la Universidad de Munich, ya fallecido, y Erlendur Haraldsson, profesor de psicología en la Universidad de Islandia, tras exhaustivas investigaciones, deciden publicar los resultados en un libro titulado Lo que vieron… A la hora de la muerte y donde citan más de mil casos de "supervivencia" tras la muerte. En él se recogieron innumerables testimonios de médicos y enfermeras que manifestaron el extraño contraste entre la tristeza que produce la muerte y estas experiencias que, en muchas ocasiones, aportan al moribundo una buena muerte; incluso el cese del dolor.

¿Es la muerte un principio o un final? Para Osis y Haraldsson no existe duda de la existencia de vida tras la muerte, como tampoco existe para el doctor Raymond Moody, médico psiquiatra y licenciado en Filosofía, y la doctora Elisabeth Kubler Ross, psiquiatra y escritora; ambos autores de sendos libros basados en estudios y experiencias personales.

En términos médicos, psicológicos o culturales, es difícil llegar a conclusiones firmes al respecto; dado que, hoy por hoy, no se pueden probar ni explicar tales visiones a la hora de la muerte; pero cabe señalar que no se hallan condicionadas por factores como la edad, sexo, estatus socioeconómico o religión.

Las razones para creer en la supervivencia tras la muerte, podemos decir, que pertenecen a tres categorías principales: filosófica, místico-religiosa y científica. Si nos centramos en la filosofía, Osis y Harldsson, las resumen en cuatro argumentos: ontológico, teológico, ético e histórico.

El desarrollo de estos argumentos así como las conclusiones serían demasiado extensas para un espacio tan limitado. Pero, desde aquí, te invito a la reflexión y a tu propia búsqueda.