Algo nuevo, algo usado, algo azul y algo prestado... eso era antes… ¿Se perdieron las tradiciones para llegar al altar? Parece que sí. Ahora, mandan la originalidad y el bolsillo. Credos, ceremonias, rituales, lugares, horarios y estilos. Vale todo.

Lounge, pop, temático, clásico, de largo, de corto… Hoy, la gran novedad a la hora de dar el “sí, quiero” es que está todo permitido, y esto cambia las cosas de verdad. Porque las nuevas fiestas de boda son más auténticas, más reales y, sin dudas, más originales. Desaparecieron los berrinches de la suegra formal y de chongo que sueña con un vestido de princesa y una fiesta a la antigua, y si el papá de la novia soñaba con bailar el vals y ella vibra con otros ritmos, la cuestión se resuelve al compás de un intimista Joaquín Sabina. Y a otra cosa!

Hoy, las novias hacen lo que se les da gana y el resultado se refleja en el look del vestido, en el estilo de la fiesta, en la comida y, por supuesto, en el presupuesto. Porque muchas veces la originalidad y los caprichos se pagan, y muy caro. Como cuando a los novios se les ocurre la locura de dar una comida de siete tiempos, que termina siendo un total desperdicio porque nadie llegó ni al cuarto (tiempo).

Antes la cuestión era decidir si la fiesta era de día o de noche, con vestido largo o corto, y algo más… pero, ahora, de la mano de Madonna, las wedding planers y el espejo de Hollywood o de la realeza europea, la cosa se agrandó muchísimo.

Con todos los ritos en tela de juicio, algunos eligen sellar el compromiso con un sacerdote new age que invita a los novios a traer al improvisado altar un recuerdo de sus vidas por separado, para luego juntarlas en casa y decretar que “allí está la unión de las dos vidas, para ser una sola” mientras en primera fila aplauden los hijos del primer matrimonio de ella y el nieto de él. O bien, ante la comunión de religiones se celebra una boda mixta con larga y pomposa arenga de sacerdote católico y práctica y pausada reflexión de rabino joven (y amigo del cura). Si, en cambio, la pareja es más iconoclasta, amigos recitan entonados con una copita de champagne un poema de Galeano o recrean alguna frase de Love Story.

En todas estas celebraciones último modelo, ellas rechazan el vestido estilo “muñeca de pastel” y, pese a los caprichos, buscan ser fieles a sí mismas; después de todo nadie protesta. Lo siempre importante y nunca faltante es la fiesta que arranca el sábado en la tarde –a veces en la mañana- con una súper pista de baile ochentera hasta la madrugada del domingo.

Sí, hay opciones. Para todos los gustos, para todos los caprichos y hasta para el delirio. Esos sí, en el siglo XXI, novias, teens o tercera vuelta, expertas o adineradas, todas sueñan con “ser felices toda la vida”… aunque la felicidad, a veces, ¡apenas alcance a la noche de bodas! #Moda #Tendencias