La navidad ha llegado a nuestras vidas, el mercado lógicamente nos dice que es tiempo de dar, regalar y compartir; espiritualmente hablando, es la época que nos indica que ha llegado el tiempo de renacer, de volver a comenzar y de analizar lo que hemos logrado en el año, para saber si alcanzamos los objetivos que nos planteamos o fracasamos en el intento.

Si logramos nuestras metas, es la hora de avanzar y plantearnos nuevos retos, si fracasamos en el intento, ha llegado el momento de revisar en dónde estuvieron nuestras fallas para corregirlas.

Cuántas veces nos han dicho que para lograr nuestras metas debemos poner mucha actitud. La cultura popular y los medios de comunicación, definen el término actitud como sinónimo de éxito y de triunfo. Lamentablemente, en la vida diaria no es así. La actitud como tal no alcanza para conseguir nuestros objetivos.

La actitud debe de estar acompañada de talento, habilidades y capacidades, es decir, para lograr el éxito esperado se requiere de actitud y aptitud.

En las películas que manejan temas motivacionales, vemos que la actitud ayuda y favorece el desarrollo personal, pero la aptitud es lo que nos complementa y nos permite alcanzar el éxito.

La actitud es entonces  la que marcará la diferencia. Podemos optar por considerar el fracaso como un error momentáneo o como un resultado que nos inmoviliza para seguir actuando.

De acuerdo a la actitud y a la posición que elijas, estarás en condición de considerar al fracaso como un hecho de aprendizaje y usarlo como trampolín para tu próximo logro, o bien como un resultado sin retorno.

Las malas actitudes hacen que lo que no luce bien, luzca aún peor; las buenas actitudes generan puertas abiertas y oportunidades de oro.

La elección está en ti, está en tu mente. Podrás definir los acontecimientos como posibilidades o como profundas equivocaciones sin salida.

Las conexiones y las oportunidades que atraerás hacia tu vida o que evitarás que te alcancen serán de acuerdo a los pensamientos y a las conductas que establezcas. Si tu posición es verte como un perdedor, todo error o equivocación que se presente, seguramente será como un fracaso.

Tus pensamientos determinarán tu entrada al éxito o tu permanencia en el error. Cada decisión y cada elección señalará nuestra victoria o nuestro fracaso.

Si determinas siempre lo mejor para ti, el primer obstáculo que aparezca o una simple equivocación no te robarán el objetivo.

Trabaja en aquello que puedes lograr, mejora y capacítate de acuerdo a tu aptitud. Desarrolla tus fortalezas. No pongas el foco en lo que no puedes hacer, en lo que te debilita o te quita fuerzas. En pocas palabras, lo que pienses de ti mismo, es lo que crecerá dentro de tu mente, de tu espíritu y, finalmente, será traducido en buenos resultados.

"No te conformes con lo que necesitas, lucha por lo que mereces". #Navidad