Aún conservo la emoción de aquella, mi primera #Navidad en México. Es para atraer el amor, el dinero y la salud, me dijeron. Y entonces, troqué mi tradición de las 12 uvas españolas, por tres cintas de colores: verde, amarilla y roja, con las que debía tejer una trenza mientras recitaba: "La trenza que estoy tejiendo en este día de Navidad es símbolo de amor, salud y dinero para que estos nunca falten en mi hogar". Pero, ¿qué clase de rituales existen en otras culturas?

Me llama especialmente la atención, por desconocido, el que se lleva a cabo en Dinamarca, donde, no tienen ningún reparo en destrozar la vajilla contra las puertas de sus personas más queridas, tras haber dado cuenta de una suculenta cena, la noche del 31 de diciembre. Aunque luego toque limpiar y arreglar algún que otro desperfecto, esas personas, tendrán aseguradas sus bendiciones para el año venidero.

"Joya no kane", una antigua tradición japonesa, propia de los budistas, pretende, mediante, nada menos que 108 campanadas. Todo aquel que las oye, quede liberado del mismo número de pecados, propios de la mente humana.

Cuando en la antigua Roma, alguien te regalaba lentejas, su deseo era que, entre tus manos, llegaran a convertirse en oro. Es por ello, que, para los italianos, su Nochevieja, a la que llaman, 'Notte di Capodanno', es imprescindible, que en la cena, esté presente un apetitoso plato de esta legumbre, (asegúrate que no es de Monsanto) que, por su bien, espero, no se convierta en oro dentro de sus estómagos.

Por temor a sufrir un año nuevo de soledad, con todos sus días y noches, los norteamericanos, también conservan una tradición romana que procede de las primeras fiestas de Año Nuevo celebradas por todo lo alto, en el antiguo imperio de los césares. Nada más sonar las campanadas, deberán regalar un beso, para augurarse un año en compañía. Sí, tal y como vemos en cualquier comedia americana que se precie.

Pese a cualquiera de ellas, que resultan igualmente atractivas, esta que escribe y suscribe, seguirá realizando su particular ritual, en torno a un buen plato de patatas y huevos fritos con ajos. Tal vez, en un futuro, éste, entre a formar parte de las tradiciones de todos aquellos a los que, estas fiestas, les traen sin cuidado. De cualquier manera, ¡Felíz Navidad!, claro está. ¡Ah! Y feliz consumo responsable.



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