Noticia publicada en Excelsior en marzo de 2013: niño muere en Jalisco a consecuencia de bullying, Univision publica en mayo de 2014 la muerte de un niño de 12 años de edad por traumatismo craneoencefálico en Tamaulipas y, entre otras cosas, México aparece mencionado en el periódico "La jornada" (marzo 2015) con el título de 'El país con el primer lugar internacional en acoso escolar en grado secundaria, acorde a los datos de la Organización para la cooperación y el desarrollo económico(OCDE)'.

Tristes noticias que salen en los titulares de los periódicos y comprueban que el peligroso "bullying" ha llegado demasiado lejos.

Por esto, se han levantado activistas en contra del bulling, como Nick Vucijic (La jornada) y el niño Brendan Jordan (Montevideo portal).

Hay un tipo de bulling que difícilmente saldrá en los titulares de periódicos y que sin embargo, también provoca daños profundos en la vida de quienes lo sufren (y de quienes lo protagonizan).

Gran parte de estos incidentes suceden ante la presencia de padres y profesores, sin que éstos los noten (o prefieran no hacerlo) entre personas que tienen "amistad cercana" o al menos, una relación.

Se trata del acoso y maltrato entre niñas y adolescentes, el cual ha existido desde siempre pero poco se habla de ello.

Ocultos golpes bajos

El acoso entre niños es con manifestaciones de agresión física, es de oportunidad y enfrentamientos directos, en cambio, el acoso hacia niñas principalmente se compone de rechazo, exclusión social y difusión de rumores.

En un mundo en el cual la aceptación y el reconocimiento son decisivos para las mujeres, esta clase de acciones suelen tener un efecto devastador para la víctima.

Puñaladas de seda

La autora, educadora y asesora en el crecimiento y sana madurez de niñas y adolescentes, Rachel Simmons escribe que, como el concepto de que una mujer debe ser "agradable", "siempre afable" y "nunca se enoja", al no poder expresar enojo ni hostilidad, la represión provoca que se recurra a una agresividad solapada y encubierta que daña aún más, tanto a la agresora (no expresa sus emociones sanamente) y a la víctima (quien muchas veces no tiene una idea de la causa del enojo de la "amiga" que la agrede).

Simmons recomienda que toda mujer (y hombre) sean entrenados a expresar desacuerdo, molestia y aún el enojo y la hostilidad asertivamente, asegurando que una mujer que expresa directamente emociones agresivas, no pierde femeneidad.

Las emociones, escriben autores como Maria José Roldán, no son buenas ni malas; y sólo se convierten en un arma destructiva cuando se actúa debido a esas emociones sin ética y pasando por sobre los derechos de los semejantes. Luego entonces, la solapada agresividad femenina no es ilegal, pero sí es subersiva.

Si de las emociones se dice que no se nieguen, ni se repriman sino que se acepten como indicadores de estímulos externos y de la reacción ante esos estímulos, o indicadores que alertan sobre algo que sucede en nuestra persona, entonces ¿por qué se enseña a las mujeres a reprimirlas, negarlas o no tomarlas en cuenta? Sobre todo tomando en cuenta que esas emociones reprimidas saldrán violentamente a flote al primer descuido, generalmente como acciones dañinas a sus pares.

Ya es momento de expresar , tratar y madurar sanamente emociones "fuertes" también por la parte femenina de la población, y quizá podremos ver la luz que acabe definitivamente con el espectro del bullying femenino.


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