Me molesto mucho cuando surge el comentario de que Dios regaló a México en exceso con el error de incluir en él a los mexicanos, aunque no se deja de tener razón.

Contamos con casi 2 millones de kilómetros cuadrados, litorales que dan al océano Pacífico y al Atlántico, vecindad con Estados Unidos, el más grande consumidor del planeta. Climas de todo tipo, petróleo, oro, plata, bosques, desiertos, muchas materias primas, atraemos con mucha ventaja al turismo y al deporte… es, como lo dibuja el mapa, un auténtico cuerno de la abundancia ¿pero y…?

Nuestra posición en el hemisferio dista mucho de las grandes potencias. Su división política está compuesta por 32 estados. Tan solo en uno de ellos podría caber Alemania considerada como uno de los tres gigantes. Mientras tanto nuestro país apenas figura como una más de entre las 20 economías emergentes.

¿Ejemplo? Japon. Descansa sobre un arrecife y no obstante su agricultura es abundante, su industria prodigiosa, su nacionalismo impactante ¿qué más decir de su economía y #Educación a más de su conciencia de nación? Y así como ese, otros también pequeños en territorio tales como Francia, Holanda, Alemania, Austria, Suiza y algunos más.

Si tomáramos en cuenta que los países antes mencionados sufrieron dos terribles guerras luego de las cuales se pudieron levantar, no me explico como México aún con sus conflictos, lejos de superarse va de mal en peor.

¿Razones? Por supuesto políticas. Burócratas inmorales que contratamos incluyendo a un presidente incompetente y sumido en escándalos de corrupción. Una pésima redistribución del ingreso, pereza, exceso de satisfactores y climas que la naturaleza nos ofrece sin que medie la necesidad de algún esfuerzo. Corrupción, violencia, abulia, dejadez y una serie de actitudes negativas adicionales derivadas de la falta de una real estructura educativa para todos que no hemos tenido nunca.

¿Responsables? La mayoría de los mexicanos incluyéndome yo mismo.

Si yo fuera presidente de México, me abocaría principalmente a tres renglones: educación, agricultura, descentralización de las grandes manchas urbanas que alguna vez se fueron formando en la medida que nuestras tierras denotaban decadencia en su productividad debido a la demagogia de un orangután que se llama Luis Echeverría Álvarez quien dio al traste entre otros, con la industria de los fertilizantes.

Somos un país macro encefálico compuesto por una gran cabeza sostenida por un cuerpo muy pequeño.

Un buen presidente en 6 años podría impulsar al campo atrayendo a un grueso de población dispuesta a retornar a sus tierras. Con eso, buena parte de lo demás vendría por añadidura.

Respecto a la educación el panorama es muy dramático. Si entendemos que la educación es un hábito, pasarán muchas décadas para que el pueblo la asimile. Siempre hemos adolecido de una plataforma de educación de calidad masiva. Por lo mismo aunque tarde, se hace urgente arrancar. Nosotros, nuestros hijos, nietos y bisnietos no seremos testigos de los resultados, pero ¿conviene continuar así…?

Los mexicanos somos impacientes. Luego de regalar un voto al candidato que sea, le exigimos resultados de la noche a la mañana.