Memoricen la fecha de hoy, porque es un la fecha de un día histórico, uno de esos días que serán recordados y que los jóvenes tendrán que aprenderse en la secundaria: Estados Unidos y Cuba comienzan a normalizar sus relaciones diplomáticas, rotas totalmente desde octubre del año 1961. El año anterior, el Gobierno estadounidense comenzó su política de boicot a la economía cubana, concretada en un embargo comercial, financiero y económico contra la isla.

Han sido un total de 53 años en los que, desde Washington, se ha ido recrudeciendo, Gobierno tras Gobierno, esta política fundamentada en el boicot al pueblo cubano, del cual se esperaba que se rebelara contra el régimen comunista instaurado tras la revolución. Los cubanos, en contra de los pronósticos de la Casa Blanca, no se han rebelado contra el régimen, así que ahora Estados Unidos ha decidido dar un giro copernicano a su política con Cuba.

Pero, ¿cómo ha podido ocurrir algo tan inesperado? Porque, desde luego, que ha sido una noticia que a todos ha sorprendido. Al parecer todo empezó cuando se inició el año pasado el proceso de liberación de Alan Gross, un contratista estadounidense que se encontraba prisionero en Cuba. El Gobierno cubano, por su parte, también estaba interesado en la liberación de presos cubanos en Estados Unidos.

Las conversaciones para el intercambio de prisioneros son las que han dado pie a este hecho histórico. De hecho, esta misma tarde Raúl Castro y Barack Obama lanzaron, de forma simultánea, sendos discursos hacia sus respectivos pueblos. En ellos anunciaban una serie de medidas por parte de ambos gobiernos que, en la práctica, suponen el fin del embargo estadounidense contra cuba. Entre estas medidas destacan la apertura de sendas embajadas o la apertura bancaria entre ambos países.

Desde la caída de la Unión Soviética en 1991, el bloqueo se había ido recrudeciendo progresivamente con los sucesivos presidentes que fueron ocupando la Casa Blanca, independientemente de que se tratase de un Gobierno republicano o demócrata. A pesar de que la presión económica sobre la isla había aumentado en las últimas décadas, el embargo se había mostrado ya como una política fracasada, que no conseguía su objetivo a pesar de dificultar las condiciones de vida del pueblo cubano.