Se cumplen 9 meses de la canonización de Juan Pablo II y de Juan XXIII. Como ya es una costumbre, se siguen realizando peregrinaciones, procesiones y visitas a los distintos templos del país. Hace algunos años se lanzó una aplicación para iPhone que mide el fervor religioso de los católicos (MiamiDiario.com 15/11/2011). Sin embargo, los estudiosos del tema afirman que, en la actualidad, un gran porcentaje de creyentes no toman en cuenta su conducta y su mentalidad al momento de hacer peticiones a estas Entidades espirituales.

Si tenemos cuentas pendientes o un mal historial de comportamiento; es decir, si nuestras acciones han sido negativas y hemos dañado a otras personas, tenemos la puerta cerrada, estamos castigados. Y, por Ley de atracción, no vamos a recibir beneficios, sino cosas desagradables, como una lógica consecuencia de nuestras acciones. En estas condiciones, ni los santos ni las vírgenes nos van a ayudar, porque no pueden pasar por encima de las Leyes creadas por Dios. Como dice el refrán; "Donde manda capitán no gobierna marinero". Así que estos Seres espirituales deben obedecer la Ley de causa y efecto (siembra y cosecha); "lo que des, recibirás". Y por consiguiente, no conceden peticiones a quienes -por su mala conducta- no merecen lo que están pidiendo.

Motivadores y gente especializada en estos temas nos dicen que los requisitos, que debemos tener para que los santos o las vírgenes nos otorguen algunos favores o "milagros", son los siguientes:

  • Buena conducta.
  • Personalidad o mentalidad positiva.
  • Que la petición sea para obtener un beneficio, siempre y cuando este no implique un daño o perjuicio para otras personas.
  • Tener luz verde, la puerta abierta, el camino libre; o sea, que no debamos "facturas" por haber robado, difamado, engañado, chantajeado, discriminado, maldecido, dañado a otras personas.

Estos requisitos son para la persona que pide para sí misma o para la persona por la que se pide. Hay ocasiones en que pedimos para otra persona y aunque seamos personas positivas y tengamos la puerta abierta, resulta que nos niegan la petición; es porque la persona a la que queremos ayudar tiene una conducta negativa.

Todos los santos y las vírgenes tienen la misma capacidad; no existen unos más milagrosos que otros, porque todos se encuentran en el mismo nivel o rango.

Antes de hacer una petición, recomiendan los que saben de esta materia, que...

  1. Revisemos nuestra conducta, ¿realmente somos merecedores de lo que vamos a pedir? Por ejemplo: si no acostumbramos ayudar a otras personas, ¿con qué cara vamos a implorar la ayuda de un santo o una virgen? Por ejemplo: si somos muy violentos, no controlamos nuestros impulsos y siempre terminamos peleando y lesionando a otros individuos, ¿cómo vamos a suplicarle a un santo a una virgen que nos proteja?

  2. Analicemos nuestras convicciones o creencias, ya que estas son muy importantes, tanto que pueden definir el rumbo de nuestras vidas. Por ejemplo: si creemos que merecemos todo lo bueno de la vida, a pesar de nuestro mal comportamiento y porque nuestro ego así nos lo hace creer, entonces nunca vamos a realizar ningún cambio en nuestra conducta. Si creemos que los santos o las vírgenes son malos cuando no nos hacen caso, y no reconocemos que los equivocados somos nosotros, entonces va a resultar muy difícil lograr nuestros deseos.


Por todo lo anterior, tener un buen comportamiento y que nuestras convicciones sean positivas son las bases para tener la puerta siempre abierta, recibir beneficios y que nuestras peticiones sean concedidas. #Psicología #Filosofía