Hace algunos días, el Papa Francisco hablo sobre la cuaresma y el sacramento de la confesión. "La confesión es un encuentro con Dios, él perdona cualquier pecado. Él perdona siempre y olvida todo", aseveró el Pontífice.

En el evento "24 horas para el señor", que se llevará a cabo los días 13 y 14 de marzo (4° viernes y 4° sábado de Cuaresma), todas las iglesias de Roma se mantendrán abiertas para que puedan ir a confesarse todos los creyentes, informaron voceros del Vaticano, que esperan que con el tiempo este evento se vaya extendiendo a todo el mundo.

Los psicoanalistas comentan que el confesarse sirve como una terapia del perdón, nos perdonamos a nosotros mismos, ya que nos ayuda a liberarnos de remordimientos o de sentimientos de culpa; y por consiguiente, sentimos un alivio. Cuando mostramos un arrepentimiento verdadero significa que hemos aprendido la lección. Si bien es cierto, que Dios siempre nos perdona, por estar lleno de amor y de generosidad, también es cierto que no nos exenta de los efectos de nuestras acciones negativas. Como dice el refrán: "lo que siembres, cosecharás".

Explicado de otra manera: aunque nos confesemos varias veces, manifestemos un arrepentimiento sincero y cumplamos con la penitencia, las consecuencias de nuestros actos llegarán, tarde o temprano, porque la ley de causa y efecto (o de atracción) siempre está funcionando, como lo hacen todas las leyes universales creadas por Dios. Es decir, la confesión no implica un "borrón y cuenta nueva" de las acciones negativas que cometemos, éstas permanecen en nuestro historial y generan los efectos correspondientes. Nos guste o no, así están diseñadas las leyes divinas, son incorruptibles.

Los especialistas agregan, que el Todopoderoso desea que seamos personas positivas y evolucionemos, por ello, nos perdona de antemano y nos muestra que el camino correcto es vivir en armonía con las leyes eternas. De lo anterior podemos deducir, que no es Dios quien nos castiga, sino nuestra desobediencia a sus leyes. Estas normas se aplican a todos y cada uno de los seres humanos, sin excepciones, y no importa si creemos o no en su existencia. Nosotros mismos nos castigamos, a pesar de que el Creador nos equipó con la suficiente inteligencia para entender todo esto.

Un ejemplo: como todos sabemos existe un Reglamento de Tránsito o Vialidad, y se nombra a un Director de Tránsito. Si nos pasamos un alto, es nuestra culpa, y seremos infraccionados (si nos observa un agente, claro), pero no es el Director de Tránsito quien nos sanciona, sino nuestra desobediencia al reglamento. Y no es válido argumentar que desconocíamos una parte o la totalidad de dicho reglamento.

Otro ejemplo, un padre de familia establece reglas en su casa. Si sus hijos incumplen las reglas, ellos mismos están provocando que se les apliquen correctivos. Su padre no los dejará de amar por su mal comportamiento, pero si hará lo necesario para que respeten sus reglas, las cuales ayudarán a sus hijos a ser disciplinados, ordenados, educados, etc. Es decir, al igual que Dios, el padre de familia también desea que sus hijos sean mejores personas.

La recomendación es mantener una mentalidad y una conducta positivas, de esta manera las leyes universales siempre estarán de nuestro lado y nos traerán buenos resultados. #Psicología #Filosofía