A solo unos días del trágico final del vuelo 4U9525 de Germanwings las posibilidades de que el siniestro se haya producido por problemas técnicos de la aeronave ha quedado descartada. Acaso también lo está la teoría de un atentado terrorista.

Pero la pregunta aún sigue abierta: ¿por qué se estrelló la aeronave? La indagación oficial, emprendida por el fiscal galo Brice Robin, ha dado una macabra vuelta de tuerca. Según las grabaciones de sonido recuperadas en las cajas negras del Airbus A320, todo señala a un acto suicida del copiloto, el primer oficial de vuelo. Existió una innegable decisión de estrellar la aeronave.

Las causas que llevaron al tripulante teutón Andreas Lubitz, de 28 años, para finalizar su vida y llevarse de paso la de 144 viajeros, algún día serán descubiertas, o tal vez no. Se ha comprobado que Lubitz no tenía antecedentes que anticiparan la tragedia y mucho menos relación alguna con organizaciones terroristas.

Este funesto evento ha generado una gran inquietud en las aerolíneas y autoridades aeronáuticas de todo el orbe. Se ha revelado otro notable reto en el tema de la seguridad. De corroborarse en breve la teoría manejada por el fiscal Robin, el siniestro de los Alpes sería el octavo ocasionado por una acción deliberada cometida por tripulantes de los vuelos.

El más reciente caso así, es el enigmático vuelo MH 370 de Malaysia Airlines, en el que desaparecieron 239 pasajeros, el 8 de marzo del año pasado. El perturbado piloto desvió el avión de su ruta y lo hizo perderse en el mar, luego de volar erráticamente durante horas.

Una cuestión importante es la de saber qué van a hacer las aerolíneas para asegurarse de la salud mental de sus pilotos y tripulantes. Tal vez sean modificados los protocolos para que las cabinas de vuelo dejen de ser bunkers imposibles de abrir en situaciones de emergencia. Lo principal debe ser evitar riesgos para los inocentes pasajeros.

De acuerdo a los especialistas, los 150 ocupantes del vuelo 4U9525 seguramente se percataron del inestable movimiento que tenía el avión. Y si bien en las grabaciones de las cajas negras no se escuchan gritos sino solamente golpes ansiosos en la puerta de la cabina, seguramente comprendieron el triste final que les esperaba cuando la nave comenzó a caer en picada una velocidad de 700 kilómetros por hora durante seis eternos y tortuosos minutos. #Aviones