Todo comenzó el 24 de abril de 1915 cuando las autoridades otomanas detuvieron a cerca de 250 intelectuales armenios y fueron enviados a alguno de los 25 campos de concentración existentes por aquel entonces donde sufrieron de inanición.  De esta manera iniciaría la matanza de 1,5 millones de personas por parte del Imperio Otomano.

Para 1915, el Imperio Otomano, mismo que se encontraba en proceso de desintegración, ingresó a la Primera Guerra Mundial aliándose con Alemania. En ese entonces,el pueblo armenio otomano, siendo uno de los más antiguos de la humanidad, superaba los 2 millones de personas.

Los armenios eran considerados una “minoría incómoda” por el gobierno. Las represiones a este grupo étnico comenzaron tras la guerra ruso-otomana que ocurrió de 1877 a 1878, cuando fueron vistos como una amenaza por aspirar a tener cierta autonomía. Pero fue la derrota de las tropas otomanas ante el ejército ruso en diciembre de 1914 cuando los problemas se acrecentaron, ya que el gobierno culpo a los armenios de la derrota al acusarlos de combatir en el bando enemigo.

Esto llevó a que el 24 de abril de 1915 fueran detenidos intelectuales, sacerdotes, médicos y profesores en diversas ciudades, siendo deportados y asesinados con el cargo de ser una amenaza para la seguridad nacional. Así comenzaría lo que es considerado por muchos historiadores, un preludio del Holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial.

Mientras que algunos armenios serían fusilados o quemados vivos, muchos otros morirían en camino a las deportaciones cruzando los desiertos de Irak y Siria, siendo las principales víctimas niños, ancianos y mujeres.

Irónicamente, hasta el día de hoy, el gobierno turco se niega a aceptar el genocidio armenio aun cuando existen gran cantidad de fotos y testimonios sobre la ejecución masiva a la que fue sometido este pueblo, justificando dichas acciones como consecuencia del conflicto existente entre otomanos y armenios. A pesar de haber sido silenciada por casi 100 años y no tener espacio en los libros de historia, los descendientes de este pueblo siguen luchando porque el mundo acepte y reconozca la masacre a la que fue sometido su pueblo.

Para los armenios, ser reconocido el genocidio sería la prueba del horror que sufrió este pueblo a manos del Imperio Otomano. Para Turquía, aceptar el término significa equiparar sus actos con los cometidos por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, y ello implicaría realizar acciones legales, lo que conllevaría a que hubiera un castigo y compensación por lo ocurrido hace 100 años.

Y si bien, los especialistas consideran que sería complicado que hubiera una posible restitución de territorios, se cree que sería más complicada las relación entre Turquía y Armenia. Además de que ambos gobiernos deberían reconocer que no fueron entre 300.000 y 500.000 las víctimas de la matanza, como se ha manejado, sino 1.5 millones de personas.

Si bien a principios del siglo XX no existía el término genocidio y fue acuñado por la ONU hasta 1948, lo ocurrido en el Imperio Otomano era conocido como “la Gran Catástrofe”, lo que minimizaba lo acontecido al pueblo armenio; por ello, 50 años después de lo sucedido, los descendientes pidieron el reconocimiento de las matanzas, como vía para la destrucción de la comunidad armenia.

Países como Suiza, Rusia, Francia, Argentina y Uruguay, entre muchos otros, han reconocido el genocidio armenio. Incluso hace unos días, el #Papa Francisco generó polémica al utilizar ese término, lo que causó indignación al gobierno turco.

Aun cuando las vidas perdidas no puedan ser devueltas, los descendientes de las víctimas tienen la esperanza de que la historia les haga justicia y se acepte el exterminio al que fueron sometidos.  #Racismo